Judith Obaya y ‘Qawi’, 3.200 km entre piedra y arena (5)

 Judith Obaya y su moto ‘Qawi’ en el Sahara Crossing – Por la igualdad de la mujer en el deporte – Serie de artículos especial para jupsin.com  

Ha llegado el momento de hablaros de mi nueva aventura extrema. Y lo quiero hacer, ‘por la igualdad de la mujer en el deporte’, en el portal jupsin.com, con un NO rotundo al acoso y a la discriminación.

Me estoy preparando para volver muy pronto a Djebel Ouarkziz , la frontera natural entre Marruecos y Sáhara Occidental, para iniciar la misma travesía que realicé en bicicleta en 2017, pero esta vez para correr ‘Running the Sáhara’1.775 kms. (45 kms. día).


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Judith Obaya y su moto ‘Qawi’ en el Sahara Crossing TA

A José Manuel Barrós y a mí nos preocupa bien poco dormir sobre piedras, a techo o bajo las estrellas… pasar noches en vela o sufrir el calor durante los largos días de ruta, comer a deshora en el mejor de los casos o pasar el día sin comer.

Frío o sudor, polvo… nunca nos quejamos del cansancio y sonreímos a los kilómetros empapándonos de belleza y soledad.

Frío o sudor, polvo… nunca nos quejamos del cansancio y sonreímos a los kilómetros empapándonos de belleza y soledad

Cuando decidimos formar el equipo ‘Motorcycle-Experiences’ no dimos tiempo a que surgieran dudas, la travesía del Sahara Occidental en motocicleta en total autonomía estaba pendiente. Nadie lo había hecho hasta ese momento, y menos aún una mujer.

Sin experiencia en off-road (conducción fuera de carretera) la ‘Sahara Crossing TA’ suponía un doble reto para mí. Tuve que aprender deprisa.

Repartir el peso de mi cuerpo sobre las estriberas en los giros, mirar lejos para salir sin problema de las roderas no sentir miedo en los bancos de arena, meter segunda y acelerar para que la rueda delantera buscara la salida…

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“Sin experiencia en off-road (conducción fuera de carretera) la ‘Sahara Crossing TA’ suponía un doble reto para mí”.

3.200 km de piedra y arena

Son conocimientos elementales que se pueden saber de memoria, pero aplicarlos mecánicamente y sin bloquearse resulta difícil si no se ha practicado demasiado.

Con etapas de más de 600 km sin posibilidad de repostaje y avituallamiento, cargamos con 30 l. de gasolina y 5 de agua por día y persona

En aquella ocasión, nos enfrentamos a 3.200 km de piedra y arena con las maletas de nuestras motos totalmente cargadas y una bolsa más sobre el asiento.

Repuestos como cámaras para los neumáticos, cables de freno y embrague, aceite y herramientas básicas para solventar posibles averías. Equipo de grabación y cargadores, ropa, material de acampada.

Con algunas etapas de más de 600 km sin posibilidad de repostaje y avituallamiento, cargamos también con 30 litros de gasolina y 5 litros de agua por día y persona… La falta de espacio nos obligó a llevar comida a base de polvos de proteína y barritas energéticas.

A pocos kilómetros del punto de partida miré a mi moto, sin que José me notase el miedo que en ese momento sentía. Intenté hablarle de que debíamos cuidar la una de la otra.

Supongo que esas cosas solo las hacemos los pilotos que sentimos que nuestras motos forman parte de nosotros mismos, son nuestra forma de vida y nuestra vida depende del buen entendimiento entre ambos.

Es una empatía que pocos pueden entender. Y le puse nombre, se llamaría Qawi (fuerte’  en árabe).

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“Supongo que esas cosas solo las hacemos los pilotos que sentimos que nuestras motos forman parte de nosotros mismos”.

No sentí miedo al desierto, a la arena o a las roderas en las pistas de piedra. Sentí miedo de no poder aguantar el calor, de no estar a la altura para finalizar… al fracaso

Miedo al fracaso

No sentí miedo al desierto, a la arena o a las roderas en las pistas de piedra. Sentí miedo de no poder aguantar el calor, de no estar a la altura para finalizar… al fracaso.

Me agarré a la moto lo más fuerte que pude y me enfrenté a todo esto. Era ese momento el más importante. Si no era capaz de salvar ese muro de dudas, no podría avanzar.

Antes de cruzar el río Afra encontramos un grupo de pastores de camellos, yo iba muy cansada y respiraba con dificultad por el calor.  El más anciano buscó una cebolla y me dijo que la oliese con fuerza y me comiese un trozo. Me repuse rápidamente y nos ofrecieron su comida.


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Judith Obaya: “No me rendiré, pase lo que pase”

La hospitalidad de estas gentes nómadas y el cariño que me demostraron hicieron que en pocos días amase el Sáhara y comprendiese el deseo de José de escaparse a estas inhóspitas tierras siempre que puede durante los últimos 30 años.

La hospitalidad de estas gentes nómadas y el cariño que me demostraron hicieron que en pocos días amase el Sáhara

Las cosas se complicaron cuando llegamos al rio An Nakhla. Había que atravesar un tramo de unos 400 metros de arena, en una hondonada donde no corría nada de aire y alcanzábamos los 40ºC.

‘Remé’ con las piernas con todas mis fuerzas para poder avanzar. Cuando conseguí salir de la arena me quité rápidamente la chaqueta, aun sabiendo que no debía hacerlo para evitar deshidratarme, y me tiré al suelo a la sombra de una acacia.

Volví a dudar si podría con todo lo que me esperaba. Pasados unos minutos en los que recuperé aliento, me subí a la moto y me dije: no me rendiré pase lo que pase.

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“Comprendí el deseo de José de escaparse a estas inhóspitas tierras siempre que puede en los últimos 30 años”.

‘Rata del desierto’

Hubo muchos más ríos de arena, me caí y me levanté una decena de veces, pero con la serenidad de que cada momento malo se olvida rápidamente.

Sin darnos cuenta estábamos rodeados de dunas, y donde no había una duna grande había cientos de montones de arena

La belleza de los paisajes cambiantes, las sonrisas de los pocos niños y pastores que nos encontramos y la satisfacción de estar allí, superándome a mí misma con cada kilómetro, lo compensaba todo.

Los momentos más difíciles los pasamos en los ‘barkhanes’ (dunas móviles). Sin darnos cuenta estábamos rodeados de dunas, y donde no había una duna grande había cientos de montones de arena.

Buscamos por uno y otro lado con la esperanza de encontrar un paso más fácil, pero fue inútil. Entonces decidimos que lo haríamos por pequeñas etapas, estudiando bien la trayectoria que debíamos tomar y una moto después de haber pasado la otra.

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“Hubo muchos más ríos de arena, me caí y me levanté una decena de veces, pero con la serenidad de que cada momento malo se olvida rápidamente”.

… ya era la primera mujer que había atravesado el Sahara Occidental en motocicleta en total autonomía. Habían sido mis 1.600 km más duros sobre una moto

A estas alturas José ya me llamaba ‘rata del desierto’, había adquirido destreza para distinguir con rapidez la mejor alternativa en las zonas blandas y los claros entre las dunas.

Ya no le esperaba y le preguntaba. Directamente oteaba y decidía sin pararme, echando el peso atrás y acelerando para cruzar con más o menos suerte al otro lado.

Cuando hicimos el último tramo hasta la playa de Lamhiriz, próxima a Cabo Barbas, ya era la primera mujer que había atravesado el Sahara Occidental en motocicleta en total autonomía.

Habían sido mis 1.600 km más duros sobre una moto.

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“… ya era la primera mujer que había atravesado el Sahara Occidental en motocicleta en total autonomía. Habían sido mis 1.600 km más duros sobre una moto”.

Tras la inmensidad del desierto, una sonrisa en el corazón

Me sentí satisfecha de haberme enfrentado a las dificultades. Las dudas de si estaba siendo una carga para José ya se habían disipado hacía días.

Mi aprendizaje exprés fue muy efectivo, era capaz de rodar por las pistas con casi tanta destreza como él… de identificar y enfrentar los diferentes tipos de terreno y obstáculos que íbamos encontrando y de orientarme en la inmensidad del desierto.

“Exploradora incansable del mundo y sus gentes; inquieta, imparable, no hay camino lejano… sus límites se encuentran más allá de los confines de la Tierra”

Después de hacer entrega de la bandera de Villaviciosa, mi ciudad, al Wali de la región de Oued Edahab, en Dakhla, nos dirigimos nuevamente a las pistas para regresar al punto de partida. Con una sonrisa en el corazón por el logro conseguido todo fue mucho más fácil.

De regreso a casa José Manuel, alias ‘Pera’, escribió: “Detrás de la sonrisa de Judith se esconde un espíritu indómito. Con tesón, esfuerzo y rigor logra superar cada una de las metas y retos que se propone, cada día más arduos y comprometidos. ‘Rata del desierto’… tres días le bastaron para dominar la arena y las rocas del Sahara. Progresando kilómetro a kilómetro en la búsqueda de pasos más fáciles, lectura de mapas y orientación en un terreno tan desconocido.”

Y terminó: Exploradora incansable del mundo y sus gentes; inquieta, imparable, no hay camino lejano… sus límites se encuentran más allá de los confines de la Tierra”.


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PERFIL DEL AUTOR

Judith Obaya

Este es mi logotipo, símbolo africano KWATAKYE ATIKO, cabello del capitán Ashanti Kwatakye que significa 'valentía' y 'coraje' // … soy asturiana, de 50 orgullosos años, madre, policía y atleta extrema. Hace cinco años, realicé en moto, en solitario, la ruta europea de los ’20 Mares’, a través de 19 países. Esta aventura marcó el comienzo de una frenética etapa de mi vida, sin fecha de caducidad, y en la que me encuentro inmersa.


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