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Esquizofrenia e importancia del diagnóstico y acompañamiento

Dr. Antoni Arumi, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología
del Hospital Universitari General de Catalunya.

Estamos ante un trastorno mental grave que puede alterar de forma profunda la manera en que una persona piensa, percibe la realidad, gestiona sus emociones y se relaciona con su entorno.

Esquizofrenia e importancia del diagnóstico y acompañamiento. Estamos ante un trastorno mental grave que puede alterar de forma profunda la manera en que una persona piensa, percibe la realidad, gestiona sus emociones y se relaciona con su entorno.

La esquizofrenia forma parte de los trastornos psicóticos, lo que significa que puede dificultar la distinción entre lo que ocurre realmente y aquello que está condicionado por la propia enfermedad.

Te lo contamos en jupsin.com, portal profesional exclusivo de iPDGrupo.com que te ofrece información para decidir sobre salud e igualdad.

Esquizofrenia e importancia del diagnóstico y acompañamiento

Se trata de un problema de salud que afecta a un 3,7% de personas en nuestro país, según datos del Ministerio de Sanidad, que suele manifestarse con mayor frecuencia en la adolescencia o al inicio de la edad adulta, un momento especialmente sensible desde el punto de vista personal, social y académico.

«Más allá de los síntomas, uno de los retos importantes en esquizofrenia es ayudar a la persona y a su entorno a entender qué está ocurriendo. Cuando el diagnóstico y el acompañamiento llegan a tiempo, es más fácil sostener el tratamiento y trabajar la estabilidad y la autonomía en el día a día», explica el doctor Antoni Arumi, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari General de Catalunya.

¿Cómo afecta la esquizofrenia al día a día?

La esquizofrenia puede influir en muchos planos de la vida cotidiana y suele estar rodeada de estigmas, prejuicios y una imagen social distorsionada.

Suele asociarse a alucinaciones o delirios, pero sus manifestaciones son más amplias y no siempre resultan tan evidentes. De forma general, los síntomas se agrupan en:

  • Alucinaciones: se perciben cosas inexistentes. Pueden ser auditivas (oír voces es la alucinación más frecuente), visuales, somáticas, olfativas o gustativas.
  • Delirios: creencias falsas sostenidas con firmeza a pesar de la evidencia contraria. Pueden ser delirios paranoides o de grandeza, entre otros.
  • Pensamiento desorganizado: el lenguaje es incoherente, incomprensible y con fluidez alterada.
  • Trastornos del comportamiento y el movimiento: actitudes desorganizadas o anormales, como repetición constante de movimientos, posturas extrañas, ralentización o agitación extrema.
  • Pérdida de motivación e interés en las actividades cotidianas.
  • Anhedonia: incapacidad de experimentar placer o satisfacción.
  • Apatía, falta de energía.
  • Falta de expresividad, ausencia de contacto ocular.
  • Limitación del habla.
  • Retraimiento social o aislamiento.
  • En casos extremos, catatonia: la persona muestra estados de inmovilidad absoluta.
  • Dificultad para concentrarse o prestar atención.
  • Problemas para procesar la información y resolver problemas.
  • Problemas de aprendizaje y memoria.
  • Comprensión verbal y de las interacciones sociales deficiente.
Estamos ante un trastorno mental grave que puede alterar de forma profunda la manera en que una persona piensa, percibe la realidad, gestiona sus emociones y se relaciona con su entorno.
Esquizofrenia e importancia del diagnóstico y acompañamiento – Infografía IA.

Cuando aparece en adolescentes o adultos jóvenes, la enfermedad puede resultar especialmente difícil de identificar al principio.

Algunos signos tempranos, como el retraimiento social, la irritabilidad, los cambios en el sueño, la apatía o el descenso del rendimiento académico, pueden confundirse con malestar emocional, con otras alteraciones de salud mental o incluso con cambios propios de esa etapa vital.

También los síntomas negativos pueden parecerse, en algunos casos, a los de un cuadro depresivo, lo que puede retrasar la valoración adecuada.

¿Por qué aparece la esquizofrenia?

En la actualidad no se conoce una única causa de la esquizofrenia. Se considera que su aparición responde a la interacción de distintos factores, entre ellos la predisposición genética, ciertos factores ambientales, alteraciones en neurotransmisores y circuitos cerebrales, complicaciones en etapas tempranas del desarrollo y, en personas predispuestas, el consumo de drogas psicoactivas, especialmente en la adolescencia y la juventud.

«Comprender este origen multifactorial es importante para evitar explicaciones simplistas. La esquizofrenia no responde a una única causa ni puede reducirse a una cuestión de voluntad, carácter o entorno familiar. Precisamente por eso, el abordaje debe ser clínico, continuado y adaptado a cada paciente», sostiene el especialista.

El abordaje suele combinar tratamiento farmacológico con antipsicóticos, apoyo psicológico, intervención psicosocial y rehabilitación, adaptándose a las necesidades de cada paciente. En los momentos de descompensación o cuando los síntomas son más graves, puede ser necesaria la hospitalización.

«El tratamiento no se basa únicamente en la medicación. El acompañamiento psicológico, la estabilidad del entorno y el apoyo social son fundamentales para favorecer la evolución del paciente y su autonomía», destaca el Dr. Arumí.

En este sentido, el Instituto Integral Mente y Salud del Hospital Universitari General de Catalunya aborda estos casos desde una atención individualizada, que permite adaptar el tratamiento, reforzar la adherencia y acompañar al paciente en la convivencia con un trastorno que puede afectar a muchos aspectos de su vida diaria.

El estigma de la esquizofrenia y su impacto

Uno de los grandes retos de la esquizofrenia no es solo la enfermedad en sí, sino también el peso del estigma. Muchas personas conviven con incomprensión, prejuicios o ideas erróneas que pueden dificultar la búsqueda de ayuda, el seguimiento del tratamiento o su integración en la vida social, académica o laboral.

Por eso, además del tratamiento clínico, resulta importante ofrecer un espacio de acompañamiento en el que la persona pueda entender mejor qué le ocurre, aprender a convivir con el trastorno y encontrar apoyo también en su entorno más cercano. En consulta, este trabajo permite abordar no solo los síntomas, sino también las dificultades cotidianas, el impacto emocional y las herramientas que pueden favorecer una mejor adaptación.

«Parte del abordaje consiste también en ayudar a la persona a entender lo que le pasa, reducir el impacto del estigma y ofrecerle herramientas para convivir con la enfermedad de una forma más estable. Cuando ese acompañamiento existe, es más fácil sostener el tratamiento y favorecer la integración social», concluye el jefe de servicio de psiquiatría en el Hospital Universitari General de Catalunya.

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