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Cuando la familia ahoga

“Acosar a alguien en su entorno habitual supone condenar a la víctima a su total desestabilización psicológica, afectiva, económica y social: desarraigo, marginalidad y hábitos auto-destructivos”

Cuando la familia ahoga. ¿Cómo se define el acoso familiar? Mi primer impulso para contestar a esta pregunta ha sido ir directamente a la wikipedia. Y esta es la descripción que nos ofrece:

“Acción mancomunada y tácita de acoso y derribo psicológico que llevan a cabo varios familiares -entre los que se haya un instigador perverso narcisista o psicópata socialmente integrado- que, conscientemente, desea neutralizar, eliminar o expulsar a otro familiar”.

“Se produce, entonces, un fenómeno tan antiguo como la historia de la humanidad: el linchamiento de una víctima inocente. Las expresiones chivo expiatorio y cabeza de turco describen y explican efectos y aspectos que hacen más comprensible este devastador fenómeno”.

“Acosar a alguien en su entorno habitual supone condenar a la víctima a su total desestabilización psicológica, afectiva, económica y social”

“Acosar a alguien en su entorno habitual supone condenar a la víctima a su total desestabilización psicológica, afectiva, económica y social. El resultado puede ser el desarraigo, la marginalidad, la asunción de hábitos auto-destructivos: tabaquismo, alcoholismo o drogodependencia”.

“Y de manera frecuente es la causa de que la víctima, que se ve incapaz de recuperar el equilibrio perdido, a no ser que sea ayudada por terceras personas, sea empujada al suicidio”.

“En cualquier caso, el daño causado es prácticamente irreparable y, por ello, es considerado un delito penal de gravedad debido a la profunda lesión psico-social que padece la víctima maltratada y estigmatizada”.

El resultado del acoso familiar puede ser el desarraigo, la marginalidad, la asunción de hábitos auto-destructivos como tabaquismo, alcoholismo, drogodependencia…

Acoso familiar y aislamiento de la víctima

El acoso puede darse de forma interna, en la que todo lo que ocurre queda dentro de la familia, dentro de las paredes intrafamiliares sin una transcendencia pública notoria.

O puede darse involucrando la opinión pública general, en cuyo caso la familia aprovechará la sociedad a gran escala, convenciéndola con bulos, con el fin de emitir un juicio moral negativo sobre la víctima.

No solo la familia se convierte en un infierno, sino que el infierno se extiende más allá, ocluyendo cualquier tipo de escapatoria

No solo la familia se convierte en un infierno, sino que el infierno se extiende más allá, ocluyendo cualquier tipo de escapatoria.

El estigma social (ya no solo de conocidos, sino de desconocidos) hace que la víctima se sienta más pequeña todavía, lo que puede llevar a sumirla en un autoaislamiento, cuya consecuencia es la victoria de los acosadores y el fortalecimiento en su posición.

La familia tratará de aislar a la víctima en diferentes ámbitos como el laboral o el social (grupo de amistades, etc.). Mentirá sobre ella y propagará toda serie de rumores a través de dimes y diretes con el objetivo de crear una opinión general negativa con que la impregnará el ambiente en torno a la víctima mucho antes de que ésta sea verdaderamente consciente de la situación.

La familia tratará de aislar a la víctima en diferentes ámbitos como el laboral o el social

El acoso causa una especie de alienación en la víctima. La identidad queda en entredicho y esto provoca que se sumerja en un mar de dudas, inseguridad, desconfianza y desamparo mezclado con culpa y vergüenza.



Linchamiento público

En este tipo de acoso, hay personas allegadas a la víctima (ya sean familiares o no) que le preguntan qué está ocurriendo y/o qué está provocando, no de una manera imparcial sino siendo prejuzgada por los rumores que la familia ha estado infundiendo.

La base de la que parte la víctima no es neutra, está hábilmente condicionada por acción del acosador o acosadores.

Existe una reticencia en la sociedad normalizada a creer que una familia entera no actúe por el bien de un miembro

A todo esto, hay que añadir que existe una reticencia en la sociedad normalizada a creer que una familia entera no actúe por el bien de un miembro: la familia apoya, ayuda y acoge, sigue costando creer que haga daño, imponga y condicione, sobre todo en una familia con adjetivos como “trabajadora, simpática, de toda la vida, e integrada en una sociedad normal”.

Así es como se deduce que el que no está bien y quien tiene un problema realmente es la víctima, no por el acoso, sino porque no actúa o se comporta como la familia dice que debiera, es decir, de forma ‘correcta’. La víctima es la que lo hace mal.

La falta de claridad que vive la víctima por todo el desconcierto que le produce la situación, además del daño que siente, hace que no hile una explicación plausible cuando le preguntan. Sentirse perdido en un mar de dudas, dolor, culpa y vergüenza es un estado que puede llegar a engullir a la persona llegando a perder la esperanza de poder salir de ahí.

La persona que quiere cambiar está inmersa en una dinámica familiar muy arraigada, en la cual ya deben de existir patrones de comportamiento en los que entre los actores se encuentre una víctima y un acosador al menos.

Cuando la familia ahoga

El acoso familiar es un acto premeditado que puede comenzar a urdirse cuando un miembro de la familia decide tomar las riendas de su vida porque siente que lo que está viviendo no le llena, no disfruta y no tiene aliciente alguno.

Puede ser que esa vida que ha llevado hasta ese momento cumpla las reglas de la familia, ya sea para ser reconocido, para demostrar que es de la familia, y así asegurar que pertenece a ella, pero ya han sido muchas las veces en las que se ha preguntado qué sentido tiene continuar así, languideciendo, porque a pesar de cumplir con el guión familiar se siente vacío, desmotivado, como si llevara un traje que no le pertenece y le aprieta, y ya no le llega el aire.

El acoso familiar es un acto premeditado y puede comenzar a urdirse cuando un miembro de la familia decide tomar las riendas de su vida

La persona que quiere cambiar está inmersa en una dinámica familiar muy arraigada, en la cual ya deben de existir patrones de comportamiento en los que entre los actores se encuentre una víctima y un acosador al menos. Con situaciones a las que se les resta importancia porque la familia es de lo más importante en esta vida, algo como “miniacosos” que pasan desapercibidos si no se miran explícitamente y se aceptan como normales dentro de la familia.

Querer cambiar puede significar que la dinámica familiar ya no pueda seguir siendo la misma y que los lazos que unen a la familia tengan que ser modificados.

Algo normal para el familiar que decide cambiar puede suponer una traición para el resto de la familia. Desapego, independencia, individualidad pueden verse como enemigos de la familia porque implica modificar las leyes familiares, esas leyes con las que la familia ha sobrevivido siempre.

Y si alguien cuestiona las leyes, éstas quedan en entredicho, lo que abre la puerta a dudas de “si se ha hecho bien” hasta ese momento. Se cuestiona la autoridad. Cuando hay una persona en la familia que ostenta esa autoridad, como algo incuestionable y no es flexible a los cambios, es cuando el acoso puede hacer acto de presencia, atacando al familiar que puede convertirse en víctima.

La pertenencia familiar puede exigir una lealtad ciega al clan, a sus reglas y al rol que cada uno ocupa en la familia

Cuando llega el momento de cambiar de rumbo, de tomar acción, de avivar esa chispa que se había ido apagando y con los primeros cambios comienzan las preguntas, le siguen las críticas y el control, invisible a los ojos de los demás, quizás sea momento de observar y estudiar la situación, y tratar de dilucidar qué es lo que está ocurriendo antes de despertar el monstruo del acoso (si forma parte de la familia) y engulla a la víctima.

La pertenencia familiar puede exigir una lealtad ciega al clan, a sus reglas y al rol que cada uno ocupa en la familia.


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Leire Irazu

Odontóloga de profesión, estudiante de Homosimplex®, Human Decoding® y terapias RTT®, aprendí que hay muchas gafas a través de las cuales se puede ver la vida, las relaciones y a mí misma, sólo tengo que ser consciente de qué par elijo llevar en cada momento.

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