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Criar o educar en salud sexual y reproductiva

Adquisición temprana de rutinas saludables (4).
Serie de artículos sobre Parentalidad Positiva.
Silvia Chamorro, psicóloga especializada en intervención social

Criar o educar en salud sexual y reproductiva. Este es el título del nuevo artículo de la psicóloga Silvia Chamorro sobre la adquisición temprana de rutinas saludables, dentro del concepto de Parentalidad Positiva.

Silvia aborda la parentalidad positiva partiendo de la crianza y educación en salud. De esta forma, dispondremos de todas las claves para una salud plena.

Más adelante, la psicóloga se centrará en las emociones. Y finalizará con una serie de artículos sobre estilos comunicativos y su importancia en la comprensión y asimilación del mensaje por las y los menores.



Te lo contamos en jupsin.com, el portal profesional exclusivo de IPDGrupo.com que te ofrece información para decidir sobre igualdad y salud.

Nadie nos puede decir cómo criar o educar, cada situación es única. Pero en cualquier caso, la información siempre es útil para decidir.

La idea de estos artículos es ofrecer información a madres, padres, abuelas, abuelos y personas responsables de una o un menor. Incluimos propuestas útiles y aplicables que conviertan la crianza en algo constructivo y agradable.

Silvia Chamorro es psicóloga y está especializada en intervención social.

Criar o educar en salud sexual y reproductiva

Silvia Chamorro – Psicóloga

Dentro de las distintas áreas de la salud, la sexual y reproductiva ha sido la última en considerarse relevante. De hecho, no aparece citada como tal hasta 1994, en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo.

Hasta ese momento se definía como salud materna e infantil, haciendo mayoritariamente referencia a aspectos reproductivos como el embarazo o el parto y al acceso a información sobre planificación familiar.

Actualmente, se entiende que la sexualidad por sí misma es un área importante de la salud. Y se amplía su visión a más aspectos, como los que recoge la definición sobre la buena salud sexual y reproductiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA):

«Es un estado general de bienestar físico, mental y social en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo. Entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos y de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no, cuándo y con qué frecuencia».

Salud sexual en la sociedad y generación actual

Para entender la salud sexual en la sociedad y generación actual debemos conocer nociones básicas sobre algunos términos:

Sexo

Se corresponde con la condición biológica, con los caracteres sexuales clasificados como femeninos, masculinos e intersexuales.

Nacer con un sexo no implica una identidad de género o una orientación sexual concreta.

Género

Se trata de una construcción social aprendida dentro del marco cultural en el que nacemos.

El género define los roles y los estereotipos de lo masculino o lo femenino que se le presupondrán a una persona dentro de las categorías biológicas de hombre y mujer.

Identidad de género

Es el modo en que sentimos y expresamos nuestro género. Es independiente de los genitales y tremendamente diverso.

Podemos encontrar dentro de esta categoría personas transexuales, transgénero, género no binario, género fluido y queer.

Orientación sexual

Define la elección de las personas con las que mantener vínculos emocionales y sexuales.

Hablamos, en este caso, de personas heterosexuales, homosexuales, bisexuales y pansexuales.

La sexualidad es parte del desarrollo de las personas, normalicémosla, confiemos en ellas y ellos, aceptemos sus decisiones, aunque nos parezcan equivocadas y acompañémosles cuando lo necesiten.

¿Cuándo se inicia el desarrollo sexual?

A pesar de la creencia común de que la sexualidad aparece cuando te gusta o atrae otra persona, o directamente tras mantener una relación sexual (entendida como coito), esto es completamente falso.

Las personas nacemos siendo sexuales y desde la más tierna infancia llevamos a cabo conductas destinadas a la búsqueda del placer. Un placer que es propio, no compartido, un placer que no entiende de sexos, géneros, identidades u orientaciones sexuales.

Cuando una niña o un niño comienza a tocar y explorar sus genitales, cosa que suele ocurrir entorno a los tres años, es debido a la natural curiosidad por el cuerpo y persigue el único fin de disfrutar.

Es, desde este momento, cuando comienza nuestra labor de educar para la salud sexual, no con una charla incómoda en plena adolescencia.

La socialización de la sexualidad

La respuesta que demos frente a estos primeros comportamientos de exploración será el inicio de la socialización de la sexualidad, pongamos unos ejemplos:

  • Una pequeña decide que le apetece tocarse la vulva durante una tarde de juego en el parque. Una respuesta probable de su cuidadora/or será: “Eso no se hace, eso solo lo hacen las niñas guarras/cochinas”
  •  Un pequeño descubre que manipular sus genitales es placentero, y lo realiza con frecuencia. Para evitar este comportamiento la cuidadora/or utiliza frases tan conocidas como “Si sigues haciendo eso te vas a quedar ciego” u otras similares.

Estas respuestas repetidas en el tiempo transmiten un mensaje muy claro: la exploración sexual está mal, es algo sucio y puede conllevar grabes consecuencias para la salud.

Por desgracia este mensaje, aunque alejado de la realidad, sigue muy presente en la sociedad actual, y se debe a una extensa trayectoria científica y religiosa de la que no nos es tan fácil desprendernos.

La historia del placer propio

No es posible en este artículo abordar el sin fin de publicaciones y documentos académicos procedentes de la medicina y la doctrina católica que hasta finales del S.XX afirman que la masturbación es la causa de numerosas enfermedades físicas y mentales o que supone una grabe desviación moral y es algo pecaminoso, ya que contradice la finalidad misma de la sexualidad, el amor conyugal y la reproducción.

Socializar la sexualidad temprana de las nuevas generaciones basándonos en pensamientos desfasados y erróneos, como han demostrado numerosas investigaciones posteriores, perjudicará su normal desarrollo evolutivo y condicionará la forma de relacionarse sexualmente con sus iguales.

Parte importante de la educación en salud sexual y reproductiva son los métodos anticonceptivos y la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS).

La visión adulta frente a la inocencia infantil

En los anteriores artículos ya hemos mencionado que la crianza y la educación de las y los menores suponen un gran reto para las y los progenitores. Nos obliga a revisar nuestra propia educación, nuestros valores, nuestras creencias y el lugar que ocupamos en la sociedad.

La sexualidad es uno de los grandes retos de esta revisión ya que ha sido y sigue siendo un tema tabú, por lo general, nos avergüenza abordarlo y nos asustan las consecuencias de normalizarlo.

Es imprescindible que como adultas/os asumamos la sexualidad de las criaturas a nuestro cargo, que olvidemos la visión ingenua de “aún es demasiado pronto” y le demos su lugar a esos comportamientos de exploración que cómo hemos dicho antes son totalmente naturales.

De la autoexploración a las relaciones de pareja

Cuando pasamos de la infancia a la adolescencia la salud sexual y reproductiva se convierte en una prioridad, como sostiene la UNFPA:

 «Las personas necesitan tener acceso a información veraz y a un método anticonceptivo de su elección que sea seguro, eficaz, asequible y aceptable…

… Deben estar informadas y empoderadas para autoprotegerse de las infecciones de transmisión sexual…

… Y cuando decidan tener hijos, si lo hacen, las mujeres deben poder recibir atención de profesionales sanitarios expertos y deben disponer de acceso a servicios que las ayuden a tener un embarazo adecuado, un parto sin riesgo y un bebé sano.

En esta etapa, el descubrimiento y la exploración se amplían, se inicia la búsqueda del placer compartido. Y en contra de lo que la tradición nos ha hecho creer, cuanto mayor sea la información y la conexión de las y los jóvenes con su sexualidad propia, más saludable será la forma de relacionarse.

Recomiendo a quien quiera profundizar más o buscar propuestas prácticas la guía de sexualidad para jóvenes de la asociación Dialogasex.

Mejor tener información y no necesitarla que necesitarla y no tenerla

Parte importante de la educación en salud sexual y reproductiva son los métodos anticonceptivos y la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS). Algunos de los principales métodos anticonceptivos son:

  • Naturales: Coito interrumpido o marcha atrás y la lactancia materna. No previenen de una ETS.
  • De barrera: El preservativo y el preservativo vaginal que son los únicos métodos que previenen de una ETS, el diafragma y el cuadro de latex.
  • Hormonales: La píldora de uso diario, el anillo vaginal que se coloca dentro de la vagina durante tres semanas y el sangrado en la semana de descanso, el parche de uso semanal durante tres semanas consecutivas y una de descanso, el implante subdérmico de 3 años de efectividad, inyectables mensuales o trimestrales, el DIU hormonal de 5 años de duración y el DIU de cobre de 10 años de duración. No previenen de una ETS.
  • Quirúrgicos: Vasectomía (Reversible) y ligadura de trompas (Permanente).

Consentimiento mutuo e información

Después de todo lo que hemos mencionado en el presente artículo es posible que criar y educar a las y los menores en salud sexual y reproductiva pueda parecer algo muy complejo, pero la realidad es que es más sencillo de lo que parece.

Basta con asegurarnos de que sepan lo que es el consentimiento mutuo y de que cuentan con la información necesaria sobre los métodos para proteger su salud y prevenir los embarazos no deseados en las relaciones.

La sexualidad es parte del desarrollo de las personas, normalicémosla, confiemos en ellas y ellos, aceptemos sus decisiones, aunque nos parezcan equivocadas y acompañémosles cuando lo necesiten.

(1) Criar o educar en salud física

(2) Criar o educar en salud mental

(3) Criar o educar en salud social y relacional

Silvia es graduada en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y cuenta con un Máster en psicología de la intervención social por la Universidad de Murcia.

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