Acosador y acosado ¿sentimientos y emociones encontrados?

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Antonio Cantos, psicólogo clínico en el Hospital Quirónsalud Clideba

La violencia entre escolares, conocida internacionalmente con el término bullying (Olweus, 1998), consiste en una “forma de maltrato que supone intencionalidad, que es perjudicial y que se produce de forma persistente de un estudiante o grupo de estudiantes hacia otro compañero, generalmente más débil, que pasa a convertirse en su víctima habitual, sin que medie provocación y, lo que quizá le imprime el carácter más dramático, es la incapacidad percibida de la víctima para salir de esa situación, acrecentando la sensación de indefensión y aislamiento en la misma” (Cerezo, 2009).

Algunos estudios señalan que el abuso de poder, el deseo de intimidar y dominar, e incluso, la pura “diversión”, figuran entre los motivos que mueven a los agresores a actuar así.

Pero el bullying no siempre se expresa con agresiones físicas, sino que puede presentarse como agresión verbal (en realidad uno de los tipos más frecuentes), y como exclusión o rechazo social, siendo esta forma indirecta la más frecuente entre las chicas (Díaz-Aguado, Martínez, & Martín, 2004).

Bullying, riesgo para la salud física y emocional

Lo que parece ampliamente contrastado son los efectos a largo plazo de las situaciones de bullying, ya que el acoso ejercido por iguales es un factor de riesgo para presentar posteriormente peor salud física y emocional, y peor adaptación a los roles adultos incluyendo la formación de relaciones sociales y la integración en el trabajo.

Emoción es una reacción brusca, rápida del organismo ante un estímulo

Es importante matizar el término “emocional” que si bien son afectos (positivos o negativos) pueden ayudar a discernir el grado de impacto psicológico en quien las experimenta.

Emoción es una reacción brusca, rápida del organismo ante un estímulo que la provoca. Tiene gran afectación fisiológica en el cuerpo. El sentimiento es el componente cognitivo de la emoción.

También se define como la dimensión valorativa de la realidad que produce un afecto negativo o positivo. El sentimiento es más duradero y tiene menor afectación fisiológica. Todos estos términos son procesos afectivos que habitualmente encontramos en la denominación genérica de “emocional” o emociones.

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Emoción es una reacción brusca del organismo ante un estímulo. El sentimiento es el componente cognitivo de la emoción.

Emocionalidad en las víctimas y acosadores

Los datos aportados por las recientes investigaciones (Calderero, Salazar y Caballo, 2011; Felipe, Ortega, Hunter y del Rey, 2012; Garaigordobil, 2011) han puesto de relieve la existencia de un amplio espectro de emocionalidad en las víctimas y acosadores y las consecuencias psicológicas de estos impactos afectivos.

Estas emociones varían según los roles en las situaciones de acoso, ya sea como agentes activos o acosadores, como víctimas, como observadores o como defensores.

Las víctimas que experimentan la emoción de ira son más susceptibles de convertirse en acosadores

Las investigaciones realizadas por McLoughlin, C.; Meyricke, R.; Burgess, J., (2013), ponen de manifiesto que las víctimas experimentan enojo, molestia, vergüenza, inseguridad, disgusto y decepción como consecuencia de la intimidación.

Esto da lugar a consecuencias sociales de exclusión y a consecuencias emocionales, como la falta de afrontamiento efectivo, reservar el problema de acoso para sí mismo y autoinculparse por lo que está sucediendo.

Otras emociones experimentadas son la ira, impotencia, frustración, depresión y temor (Hoff y Mitchell, 2009; Patchin e Hinduja, 2012). Las víctimas que experimentan la emoción de ira son más susceptibles de convertirse, además, en acosadores de otros.


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Sentimientos, emociones y trastornos psicológicos

Estas emociones pueden dar lugar a trastornos psicológicos. Kowalski, Limber y Agatston (2010) ofrecen datos acerca de casos de depresión, baja autoestima, indefensión y ansiedad/fobia social.

En esta misma línea de aportes de emocionalidad informan de la existencia en las víctimas de rabia, tristeza, depresión, debilidad, indefensión.

En el caso de quien es víctima y acosador a su vez, refieren la existencia de una frialdad emocional o indiferencia afectiva. Al observar episodios de acoso se produce un efecto de contagio social.

En el caso de quien es víctima y acosador a su vez, refieren la existencia de una frialdad emocional o indiferencia afectiva

El modelo agresivo que actúa en un grupo influye en todos los espectadores. Especialmente en aquellos que carecen o no tienen formado un espíritu crítico, son inseguros, dependientes, han sido agredidos o acosados y tienen miedo.

En muchas ocasiones es el miedo a ser agredido o acosado lo que hace que el resto de compañeros no se implique en favor de la víctima. La culpa, además de en la población acosada, también está presente en quienes observan situaciones de acoso.

Esta culpa se ve atenuada o reducida porque la responsabilidad individual se diluye en situaciones de grupo. Nadie se percibe responsable de su comportamiento. De este modo, incluso se producen sesgos perceptivos de interpretación que la víctima es, incluso, merecedora del acoso.


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Todas estas emociones se circunscriben a las competencias emocionales que disponen quienes forman parte de la situación de acoso.

Los datos ofrecidos por Garaigordobil y Oñederra (2010) revelan que los adolescentes que habían sufrido muchas conductas de intimidación o bullying tenían:

  • bajo nivel de Inteligencia Emocional

Los adolescentes que tenían un nivel alto de conductas antisociales-delictivas mostraban bajo nivel de pensamiento constructivo global o inteligencia emocional

  • baja emotividad (poca capacidad de enfrentarse a las situaciones estresantes, baja autoaceptación, excesiva sensibilidad a las críticas o rechazos, tendencia a recordar adversidades pasadas, a tener pensamientos negativos y al estrés)
  • baja autoestima (actitud poco favorable hacia sí mismo), baja tolerancia a la frustración (tendencia a sobrestimar las experiencias desfavorables)
  • baja eficacia (poco optimismo, entusiasmo, energía… es decir, pocas actitudes que contribuyen a actuar con eficacia)
  • poca actividad (baja capacidad para aceptar desafíos y no abandonar ante el fracaso)

Los adolescentes que tenían un nivel alto de conductas antisociales-delictivas mostraban bajo nivel de pensamiento constructivo global o inteligencia emocional.


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PERFIL DEL AUTOR

Antonio Cantos

Licenciado en Psicología por la Universidad de Sevilla. Titulo Máster Universitario en Neuropsicología Clínica expedido por la Universidad de Sevilla y Titulo de Experto Profesional en Trastorno Psicológicos en Niños y Adolescentes y Especialista Universitario en Psicopatología y Salud, expedidos ambos por la Uned. Titulo expedido por la International Neuropsychological Society en “Neuropsychology aging across the lifespan”.

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