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Vivir hacia dentro

Mi vida era una escalera de peldaños afilados por la que subía sin tregua asegurándome de que cada ascenso me suponía una dosis suficiente de dolor y sufrimiento para sentirme digna y poder continuar luchando para conseguir dejar atrás esa culpa, ese miedo a no parecer perfecta y fallar. Si paraba, la vocecilla me decía que nadie me aceptaría porque como yo era como era necesitaba demostrar valor, aportar más que otros para llegar a su nivel. Si no paraba, el dolor era insoportable y me sentía encerrada en una especie de jaula.

Vivir hacia dentro – Por Mercè Roura – Especial para jupsin.com


Durante muchos años viví hacia fuera. Todo lo que hacía era para poder encajar y sentirme aceptada y valorada. Desde el peinado a la más importante de mis acciones de cada día era un grito para que el mundo de una vez por todos viera en mí algo que por más que miraba yo no veía…

Esperaba de otros el amor que yo me sentía incapaz de darme. Iba a la cena no por la cena sino esperando que alguien descubriera mi valor, mi belleza, que alguien fuera capaz de encontrar algo en mí que me reconfortara y me diera esperanza…

Yo siempre estaba pasando un examen para conseguir ser perfecta y gustar a otros ojos que no eran los míos

Examen para ser perfecta y gustar

Para seguir intentando demostrar y conseguir darle la vuelta a esa sensación de rechazo que no recuerdo no haber sentido nunca. Cuando bailaba no bailaba, cuando reía no reía, cuando estudiaba no estudiaba…

Yo siempre estaba pasando un examen para conseguir ser perfecta y gustar a otros ojos que no eran los míos.

Había mil cosas que deseaba hacer, pero no la hacía porque prefería no arriesgarme porque creía que no estaría a la altura, porque no quería quedar en ridículo, a medias, fallar y que todo el mundo viera que no tenía valor.

Me sentía tan insignificante que pensaba que si siempre estaba aportando algo y demostrando, me perdonarían. Entonces no lo veía así, pensaba que todos hacían lo mismo, demostrar, parecer mejor, ser útil para paliar la insignificancia de mi presencia…

Como si hubiera algo en mí que estuviera roto, estropeado o defectuoso que tuviera que ser perdonado para llegar a la meta como los demás, como si tuviera que aportar un plus para estar en las mismas condiciones de salida que otros, puesto que yo de entrada era errónea.

Ahora lo recuerdo y todavía me siento prisionera de mí misma, de mi necesidad de ser reconocida y aceptada.

Perdonar el estorbo y compensar la imperfección

Había algo en mí que me hacía pagar un peaje para llevar una vida “normal”. Como el que siente que tiene que ir por la vida regalando algo porque con su presencia molesta o incordia y así se hace perdonar el estorbo y compensa la imperfección…

Mis días se tasaban en base al reconocimiento recibido. Siempre necesitaba que pasara algo excepcional, extraordinario… Y hay tantos días en tu vida en los que no pasa nada… Y cuando más necesites que pase algo maravilloso, menos pasa o pasa y no lo ves.

Necesitaba que me miraran y al mismo tiempo me parecía insoportable porque no podía controlar las miradas de los demás

Necesitaba que me miraran y al mismo tiempo me parecía insoportable porque no podía controlar las miradas de los demás.

Era una mezcla perturbadora entre querer destacar para expiar la culpa de mi insuficiencia y al mismo tiempo querer salir corriendo para que nadie pudiera verme y resignarme a no ser y no llegar.

Alternaba el ir a por todas y sacrificarme al máximo con el ostracismo absoluto y la soledad. Cuando intentaba algo y me ponía a ello, acababa subiendo tanto el listón que me extenuaba y  maltrataba, porque siempre he sido muy perseverante y obsesiva.

Cuando decidía que no, a veces a pesar de tenerlo a mi alcance no lo tomaba… Me avergonzaba que otros pensaran que yo misma me había creído digna y merecedora. Como si castigándome y privándome de lo que deseaba pudiera conseguir su compasión y su perdón por mi osadía de querer ser como eran todas las personas que me rodeaban.

Culpa y miedo a no parecer perfecta y fallar

Mi vida era una escalera de peldaños afilados por la que subía sin tregua asegurándome de que cada ascenso me suponía una dosis suficiente de dolor y sufrimiento para sentirme digna y poder continuar luchando para conseguir dejar atrás esa culpa, ese miedo a no parecer perfecta y fallar.

Mi escalera estaba trucada, en realidad, ni subía ni bajaba y siempre se recorría en bucle

Si paraba, la vocecilla me decía que nadie me aceptaría porque como yo era como era necesitaba demostrar valor, aportar más que otros para llegar a su nivel. Si no paraba, el dolor era insoportable y me sentía encerrada en una especie de jaula.

Mi escalera estaba trucada, en realidad, ni subía ni bajaba y siempre se recorría en bucle. Volvía sobre mis pasos y me dejaba pedazos de mí misma en cada escalón… Ahora lo recuerdo y todavía me siento prisionera de mí misma, de mi necesidad de ser reconocida y aceptada.

Mi vida era una escalera de peldaños afilados por la que subía sin tregua asegurándome de que cada ascenso me suponía una dosis suficiente de dolor y sufrimiento para sentirme digna y poder continuar luchando…

Vivir hacia dentro

Vivir hacia dentro es un bálsamo maravilloso. Hacer sin esperar nada. No buscar en la mirada del otro la aprobación. Dejar de subir escaleras de peldaños afilados en los que te dejas las rodillas para decidir cuándo subes y cuándo bajas tú mismo. Caminar sin mirar quién te ve e imaginar qué piensa.

Dejar de lado esa sensación de tener que hacerse perdonar por no cumplir expectativas ajenas, de estar roto y sentirse defectuoso nada más nacer… Hacer porque deseas, porque crees en lo que haces… Que hoy no pase nada extraordinario y eso esa extraordinario, que me maravillen los momentos sean como sean… Dejar de parecer, de luchar para demostrar, de sondear pupilas esperando el visto bueno.

Y decirles “no pasa nada, ya eres perfecto, sal de la escalera” y compartir tu historia para que se den cuenta de que buscan algo que ya tienen y que dan a los demás todo su poder

Descubrir que no es que tú no encajes, es que nadie encaja pero muchos disimulan y tras sus sonrisas se esconden personas que suben y bajan escaleras de peldaños afilados como cuchillos…

Y decirles “no pasa nada, ya eres perfecto, sal de la escalera” y compartir tu historia para que se den cuenta de que buscan algo que ya tienen y que dan a los demás todo su poder.

Dejar de buscar metas que te llenen para llenarte tú mismo la vida siendo tú y amando lo cotidiano, lo que depende de ti, lo que pasa aunque no pase como y cuando te gusta…

Y luego, si lo deseas, ir a por lo que sueñas pero no para atarte a la vida sino como algo que surge de dentro hacia fuera.

Soñar pero al mismo tiempo vivir

Vivir mirando dentro sin esperar nada más del mundo y dejando que el mundo sea como es sin enfadarse con él. Sin esperar nada concreto pero con una ilusión enorme por todo… Abierto a lo que sea y confiando en que si no es así sabrás encontrar la forma de continuar. Soñar pero al mismo tiempo vivir. Caminar y saber parar a tiempo.

Vivir hacia dentro y encontrar ese lugar donde nada pasa y en realidad todo es cambio y transformación constante.

Dejar de una vez por todas de ir por la vida mostrando méritos para que perdonen en ti algo que no existe. Vivir en ti y dejar de pedirle permiso al mundo para ser, para existir.

Mercè Roura

Periodista y formadora en comunicación, marca personal e inteligencia emocional. Más de 17 años de experiencia en radio y televisión. Ahora ayudo a las personas a conseguir que potencien su talento y lideren sus vidas. Me apasionan las palabras y su poder para cambiar nuestra forma de pensar y de vivir. Su primer libro ‘Amo la Imprudencia de mis Palabras'. El momento de cambiar y ser grandes es éste. Su último libro ya está disponible: 'Cosas que debí decirte hace cien años'

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