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Sal de tu escondite

No sabemos nada. La realidad tiene tantas caras que a veces nos quedamos con una y nos creemos haberlas visto todas. Confundimos una parte con el todo. Vemos sólo una pata y juzgamos si es lobo o cordero. Escuchamos un refrán o una de esas frases que suenan bien e impactan y nos la tragamos sin desmenuzarla, sin masticar apenas ni intentar comprender qué nos aporta.

No sabemos nada. La realidad tiene tantas caras que a veces nos quedamos con una y nos creemos haberlas visto todas. Confundimos una parte con el todo. Vemos sólo una pata y juzgamos si es lobo o cordero.

Escuchamos un refrán o una de esas frases que suenan bien e impactan y nos la tragamos sin desmenuzarla, sin masticar apenas ni intentar comprender qué nos aporta.

O guardamos en un olvido ficticio que nos lleva a reventar o llevamos a mano nuestra pena para arrojársela a cualquiera cuando nos duele demasiado…

Buscamos fórmulas fáciles y rápidas para sobrellevar vidas rotas y cargas pesadas…

Cuando algo nos duele demasiado, lo ponemos en lavadora de nuestra cabeza y centrifugamos hasta que pierde sentido, buscamos un rincón interior por el que nunca pasamos y los dejamos ahí, enquistado, hecho un hatillo, pendiente, sin solución…

Otras veces lo mantenemos vivo, ardiente, quemando sin tregua, en una especie de caldera eterna en la que va tomando forma de lanza, donde se torna un arma afilada y candente que nos atraviesa cada día con su recuerdo y nos punza el alma cada noche…

No sabemos soltar, no sabemos aflojar. O guardamos en un olvido ficticio que nos lleva a reventar o llevamos a mano nuestra pena para arrojársela a cualquiera cuando nos duele demasiado…


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Una iniciativa de la Editorial Mapas Colectivos#microBooks #lobuenosibreve


Una pócima que nos haga sentir capaces y jovenes

Buscamos la respuesta en cualquier lugar donde alguien nos diga que pudo, para soñar que podemos, pero queremos conseguirlo sin tener que liberarnos de nada, sin renunciar a viejas ideas ni formas de pensar gatadas, sin afrontar, sin cambiar nuestro esquema mental ni tomar decisiones…

Queremos seguir pensando lo mismo, de la misma forma, pisar los mismos lugares y hablar con las mismas personas… Meternos una noche en la cama y amanecer libres. Ponernos una crema que nos devuelva las ganas y nos alise la piel… Probar una pócima que nos haga sentir capaces y jóvenes… Encontrar un mentor que nos diga cómo brillar y deslumbrar al mundo…

No le escuchas porque sólo quieres oír como te cuenta lo maravilloso que eres y te quedas sin poder comprender sus historias

Siempre buscando el escaparate, el modo de decirle al mundo «hazme caso, por favor, valgo la pena».

Y vemos que el mundo siempre pasa de largo porque nos hemos olvidado de convencer a  nuestro principal aliado… Nosotros mismos.

Pero es que… Siempre pasas de largo de ti y buscas la migaja de otro. Miras sus ojos sin buscar en él algo que aprender sino una mirada de aprobación para seguir. No le escuchas porque sólo quieres oír como te cuenta lo maravilloso que eres y te quedas sin poder comprender sus historias…

Y miras al cielo y pides clemencia

Te olvidas de ti y de todas la veces que has caído, cuando en cada una de ellas hay una lección maravillosa.

Encierras tus fracasos en lugar de buscarlos y enfrentarlos como quién abre la caja de tesoros y aprecia su valor… O te los recuerdas de forma constante, reprochándote una y otra vez, en lugar de comprender que son tu legado para ti mismo.

Huyes de tu propio equilibrio porque, en el fondo, sabes que encontrar la coherencia va a suponerte abrazarla y mantenerla.

Y miras al cielo y pides clemencia. Buscas un dios que no sea salvaje y te diga dónde está el camino y no te das cuenta de que llevas unos días sintiendo que debes intentar algo nuevo y no te haces caso… Negando tu intuición y tu esencia

¿Qué más señales necesitas? ¿Qué más da que la vida te grite si no la escuchas? Te quedas sentado en la fiesta pensando que te gustaría ser de los que bailan pero nunca te levantas…

Sal de tu escondite, Mercè Roura, jupsin.com, carta

Y te ocultas en un rincón, escondido, esperando y rezando sin esperanza para que al levantar la cabeza todo sea distinto…

Pides ayuda, pero no la quieres

Miras como otros corren y piensas que es duro pero para ellos es fácil porque tienen fuerza y constancia… Aunque tú nunca lo intentas… Te pasas la vida mirando logros ajenos y creyendo que los consiguen porque ellos están fabricados de otra pasta, que la suerte existe y a ti no te toca, que hay cosas que no son para ti…

Y te ocultas en un rincón, escondido, esperando y rezando sin esperanza para que al levantar la cabeza todo sea distinto…

Pides ayuda pero no la quieres, no la aceptas porque no quieres el mapa, quieres directamente el tesoro y no estás dispuesto ni siquiera a creer que exista… Porque no quieres cambiar en ti lo que hace falta cambiar para enfrentarte al desafío de ser tú y conseguir lo que deseas.

Y te guardas dentro el dolor que supone

no llevar nunca puesto el vestido

de persona que brilla

Hace tiempo que escribes pero no se lo muestras a nadie. Hace tiempo que tienes ideas útiles pero no las compartes… Crees que nada de lo que haces es hermoso ni tiene valor como lo que hacen los demás…

Y te guardas dentro el dolor que supone no llevar nunca puesto el vestido de persona que brilla. Y por la tarde, cuando el día se acaba, te enfadas contigo y con el mundo porque no es como deseas, porque tu vida sigue siendo igual que ayer y hoy tienes esa sensación punzante de no poder soportarlo…

Tú tienes las respuestas que buscas

Sales del trabajo y dices adiós sin ganas. Un compañero ríe y una náusea contenida te azota el estómago. La lluvia cae fina sobre tu rostro cansado mientras buscas el paraguas. Pasas por delante del escaparate y un libro te susurra en el oído… ¿Y si? pero desechas la idea porque no tendrás tiempo de leerlo…

Te cruzas con un conocido y te invita mañana a una fiesta para presentarte a alguien interesante, pero dices que no porque sabes que te dará pereza y estás cansado y tú no le interesas a nadie…

Llegas a casa rendido y con un cansancio insoportable y miras las mismas cosas de siempre, puestas de la misma forma esperando que alguien las cambie de sitio… Has recibido una carta… ¿Quién manda cartas todavía? Y la sorpresa te zarandea por dentro…

Algo nuevo, algo puro, algo tuyo

Es una carta que le enviaste a un amigo que se fue a vivir lejos hace no sé cuánto tiempo, cuando todavía tenías ganas, cuando mirabas  a otro y no te veías a ti desesperado y no buscabas sólo respuestas sino que eras capaz de hacer preguntas… Cuando notabas la vida deslizarse en tu piel y creías que podías llevar las riendas de tus días.

Vas a hacerte caso… Vas a aplicar tu receta para despertar de este sueño sin destino y esta noche sin estrellas

Esa carta ha dado mil vueltas, perdida en quién sabe qué rincones del mundo, hasta regresar a ti… Un día hace años, le dijiste a alguien que estaba perdido que siempre había esperanza… Que sólo tenía que seguir su instinto y escuchar sus sueños… ¡Qué barbaridad!

Ahora ya no escribes tan ñoño ni osas darle consejos a nadie… Ya no crees poder ayudar porque te sientes ahogado en tu propia angustia… Aunque esta vez, al releer tus palabras, te das cuenta de que has encontrado algo nuevo, algo puro, algo tuyo…

Vas a hacerte caso… Vas a aplicar tu receta para despertar de este sueño sin destino y esta noche sin estrellas… Porque la respuesta que buscabas siempre ha estado en ti. La fórmula es fácil pero requiere el trabajo para aplicarla y la constancia de confiar…

Consiste en darse cuenta de que no sabes nada y estar atento para aprender… Soltar y vivir. Dejar de esconderse de uno mismo y atreverse a salir de la madriguera…

Periodista y formadora en comunicación, marca personal e inteligencia emocional. Más de 17 años de experiencia en radio y televisión. Ahora ayudo a las personas a conseguir que potencien su talento y lideren sus vidas. Me apasionan las palabras y su poder para cambiar nuestra forma de pensar y de vivir. Su primer libro ‘Amo la Imprudencia de mis Palabras'. El momento de cambiar y ser grandes es éste. Su último libro ya está disponible: 'Cosas que debí decirte hace cien años'

3 Comments

3 Comments

  1. Piroña

    1 de mayo de 2018 at 13:47

    A veces la situación no es tan sencilla como escucharse y saber que hacer. Intervienen muchos factores que tú no tienes la más mínima idea de por donde van. No estás lo suficientemente protegida como para hacer lo que realmente te gustaría hacer…abrir de una vez la caja de pandora y que todo se sepa…al menos…que se conozca lo que vienes soportando tantos años. Te sientes una pequeña hormiga ante un gigante que de un soplo acaba contigo. De todas formas tienes bastante razón…aunque para problemas más pequeños. Me formé en terapia gestalt. Lo de que hasta que no resuelvas un asunto inconcluso no puedes abrir otro ciclo…siempre ha estado entre mis creencias teóricas y así estamos

    • Mercè

      1 de mayo de 2018 at 18:01

      Nunca es sencillo, al menos, para mí no lo ha sido. Lo que he aprendido en este tiempo de autoconocimiento y en mi formación en inteligencia emocional es que todos los asuntos llevan al mismo… Aceptarse, amarse y vivir este momento. Entiendo lo que dices y estoy de acuerdo, no hay un solo modo, no es fácil pero todos los asuntos están encadenados y nos llevan a resolver uno muy importante, que es encontrarse con uno mismo. Hay que ir cerrando heridas y seguir. Sigamos y mil gracias por tus palabras 🙂

  2. Pingback: Rebelión, con tilde en la O. Mercé Roura y María Rojas. | MC Administración y Finanzas

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