El miedo que respiramos

El miedo que respiramos – MIEDO, en mayúsculas – Por Mercè Roura – Especial para jupsin.com.

  • Es un espasmo lento que se repite varias veces al día y nos trae historias tristes que se nos filtran por los poros y se quedan a vivir en nuestros pensamientos y habitan cada una de nuestras partículas.

  • Hay miedo pero también hay amor. Junto a las listas de síntomas, hemos hecho listas de personas a las que no olvidar, a las que preguntar cómo y dónde estar.

¿Por qué no nos gusta tener miedo?

No nos gusta tener miedo porque es como admitir que somos extraordinariamente vulnerables y que estamos perdidamente indefensos… Aunque así es.

No nos gusta tener miedo porque es como admitir que somos extraordinariamente vulnerables

El miedo nos paraliza pero también nos pone alerta. Aunque es un miedo que no se calma usando la fuerza para protegernos ni haciendo guardia para que no nos ataquen.

Es un temor a desaparecer, a perder la rutina, a no despertar de la pesadilla nunca más o que al hacerlo, todo sea tan distinto a como era antes que queramos volver a quedarnos dormidos.

Es un espasmo lento que se repite varias veces al día y nos trae historias tristes que se nos filtran por los poros y se quedan a vivir en nuestros pensamientos y habitan cada una de nuestras partículas.

El miedo nos paraliza pero también nos pone alerta.

Carne de cañon para un miedo atroz

Somos carne de cañón para un miedo atroz que nos impide pensar claro, poner orden y tomar decisiones sensatas. Vamos del “sálvese quien pueda” a la cadena de mensajes que no llegan a nadie que los necesite y que insisten en hacernos sentir pequeños, gastados, agotados, tristes y presa fácil de todo.

Consumimos miedo enlatado, miedo virtual tan dañino y poderoso como si llegara por vía intravenosa para que nos sintamos completamente solos y desnudos

Consumimos miedo enlatado, miedo virtual tan dañino y poderoso como si llegara por vía intravenosa para que nos sintamos completamente solos y desnudos.

Nos llenamos la cabeza de mentiras y contra-mentiras. De bromas facilonas y tragedias terribles… Hasta que no nos quedas más criterio que el pánico ni más ánimo que la crítica repetida hasta la saciedad.

El miedo que respiramos

Hay miedo, hay mucho miedo esperando ser sentido y aceptado. Mucha humanidad latente esperando ser percibida y honrada bajo la capa del héroe que no tiene más remedio que salir al mundo aún a sabiendas de que puede envenenarse en él.

Hay miedo pero también hay amor. Junto a las listas de síntomas, hemos hecho listas de personas a las que no olvidar, a las que preguntar cómo y dónde estar.

Mientras llorábamos por perder lo que pensábamos que necesitábamos, recuperamos  el valor de lo que importa de verdad. El deseo por seguir adelante y la gratitud por cada momento de vida que tenemos por delante.

Cuando la noche asomaba por la ventana y el sol se ponía nos percatamos de que había brillado durante horas  para nosotros sin habernos dejado tocar por él ni un instante…

Mientras se nos iba lo cotidiano por el retrete, nos dimos cuenta de que había mil cosas a las que no atendíamos casi nunca y que ya hacía tiempo que estábamos perdiendo.

Cuando la vida nos decía que estamos en prórroga, nos dimos cuenta de que hacía una eternidad que ya perdíamos el partido…

Por desidia, por angustia, por estar pendientes de lo urgente y dejar lo importante, por pensar que habría tiempo más tarde, por miedo a pisar un suelo que se tambalea y sin saber todavía quiénes somos…

Cuando la noche asomaba por la ventana y el sol se ponía nos percatamos de que había brillado durante horas  para nosotros sin habernos dejado tocar por él ni un instante…

Sólo vimos cuánto necesitábamos los abrazos que aplazamos para contestar al móvil cuando nos quedaron prohibidos.

Abrazo prohibidos

Sólo nos dimos cuenta de que había estado sonando la música cuando dejaron de tocarla… Sólo vimos cuánto necesitábamos los abrazos que aplazamos para contestar al móvil cuando nos quedaron prohibidos.

Sólo dimos valor a la vida cuando vimos que la vida se nos escapaba por la ventana… Sólo percibimos lo mucho que dejamos atrás cuando estábamos al borde del precipicio.

Sólo vimos cuánto necesitábamos los abrazos que aplazamos para contestar al móvil cuando nos quedaron prohibidos.

Tenemos miedo. Un miedo necesario que debe ser atendido y escuchado para que nos nos tenga en puño, para que no nos retuerza por dentro y nos haga no poder levantarnos, para que no nos secuestre y podamos elegir en todo momento… Para no dejar de respetarnos y respetar a otros ni caer en el absurdo.

Para sentarnos a sentir y hacer otra lista, poner nombre a lo que realmente nos asusta y decirlo en voz alta… Respirar hondo y decidir hacer todo lo posible que esté en nuestra mano y asumir que hay millones de cosas que escapan de nuestro control.

Sólo nos queda confiar. Confiar en los que nos cuidan, en los que tenemos cerca y no podemos tocar. Confiar en nosotros mismos para salir adelante y concentrarnos en dar un paso cada día…

No importa que tengamos miedo, pero que el miedo no nos tenga.

Respirar hondo

Cuando el paisaje a nuestro alrededor esté desolado y nos angustie, demos ese paso y miremos sólo el pie, observemos la huella que deja en la tierra y no pensemos en nada más.

¿Y si al mirarlo a la cara y ver sus ojos de miedo asustado se calma y amansa un poco y podemos respirar hondo?

Seamos útiles para otros y para nosotros mismos y permitámonos estar tristes, cansados, ansiosos, asustados, irritables y todo lo que se nos ocurra, que es mucho, porque las horas pasan en espiral.

Tenemos miedo ¿Y si lo abrazamos y le damos la vuelta? ¿Y si lo usamos como manta cuando tengamos los pies fríos y el alma tibia? ¿Y si se nos pasa un poco amándonos y dándonos cuenta de que es algo compartido?

¿Y si al mirarlo a la cara y ver sus ojos de miedo asustado se calma y amansa un poco y podemos respirar hondo? No importa que tengamos miedo, pero que el miedo no nos tenga.


PERFIL DEL AUTOR

Mercè Roura

Periodista y formadora en comunicación, marca personal e inteligencia emocional. Más de 17 años de experiencia en radio y televisión. Ahora ayudo a las personas a conseguir que potencien su talento y lideren sus vidas. Me apasionan las palabras y su poder para cambiar nuestra forma de pensar y de vivir. Su primer libro ‘Amo la Imprudencia de mis Palabras'. El momento de cambiar y ser grandes es éste. Su último libro ya está disponible: 'Cosas que debí decirte hace cien años'


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