¿Dónde y por qué pierden la vida los niños en el mundo? El informe ‘Niveles y Tendencias de la Mortalidad Infantil’ nos ofrece la radiografía más detallada hasta hoy para contestar a esta dolorosa pregunta. Y nos desvela que la reducción de la mortalidad infantil en el mundo se ha estancado.
El dato es escalofriante y aterrador a la vez, 4,9 millones de niños murieron antes de los cinco años en 2024. Y de esta alarmante cifra, casi la mitad, 2,3 millones, corresponde a recién nacidos.
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¿Dónde y por qué pierden la vida los niños en el mundo?
Este nuevo informe de las Naciones Unidas alerta sobre la desaceleración en el progreso global de reducción de la mortalidad infantil. Y asegura que la mayoría de estas trágicas pérdidas son prevenibles con acceso a una atención sanitaria de calidad.
A pesar de los avances históricos logrados en las últimas décadas, la lucha contra la mortalidad infantil enfrenta un obstáculo crítico.
Según las últimas estimaciones de las Naciones Unidas publicadas en marzo de 2026, 4,9 millones de niños murieron antes de cumplir su quinto cumpleaños en 2024. De esta alarmante cifra, casi la mitad (2,3 millones) corresponde a recién nacidos.
Este nuevo informe, titulado Niveles y Tendencias de la Mortalidad Infantil, ofrece la radiografía más detallada hasta la fecha sobre dónde y por qué están perdiendo la vida los más pequeños, integrando por primera vez una evaluación completa de las causas de muerte.
Ralentización de la reducción de la mortalidad infantil
Históricamente, el mundo ha demostrado que es posible salvar vidas. Desde el año 2000, las muertes de menores de cinco años se han reducido a más de la mitad en todo el mundo.
Sin embargo, los datos recientes muestran una tendencia preocupante: desde 2015, el ritmo de reducción de la mortalidad infantil se ha ralentizado en más de un 60 %.
En este sentido, agencias como UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que los recortes presupuestarios a nivel global están poniendo una enorme presión sobre los programas críticos de salud materno-infantil, amenazando con revertir los logros alcanzados.

Principales causas de la mortalidad infantil
Por primera vez, el informe desglosa de manera exhaustiva las causas detrás de estas cifras, revelando que la inmensa mayoría de las muertes se deben a condiciones tratables o prevenibles:
Complicaciones neonatales
Los recién nacidos representan casi el 50 % de las muertes de menores de cinco años. Las principales causas incluyen complicaciones por parto prematuro (36 %) y problemas durante el parto (21 %), además de infecciones graves como la sepsis neonatal.
Desnutrición aguda severa
El informe documenta que más de 100.000 niños (entre 1 y 59 meses) murieron directamente por esta causa en 2024. Además, la desnutrición actúa como una causa subyacente letal, debilitando el sistema inmunológico y multiplicando el riesgo de morir por otras enfermedades.
Enfermedades infecciosas
Superado el primer mes de vida, patologías como la malaria (responsable del 17 % de las muertes en este grupo de edad), la neumonía y la diarrea se convierten en los principales verdugos.

La brecha de la desigualdad: geografía y conflictos
La tragedia de la mortalidad infantil no se distribuye de manera equitativa. Por el contrario, está profundamente arraigada en la desigualdad geográfica y la inestabilidad política:
- África Subsahariana: Concentra el 58 % de todas las muertes de menores de cinco años a nivel mundial, impulsadas principalmente por enfermedades infecciosas.
- Asia Meridional: Representa el 25 % de las muertes, en su mayor parte derivadas de complicaciones en el primer mes de vida por falta de atención prenatal adecuada.
- Zonas de conflicto: La situación es especialmente devastadora en países frágiles o en guerra. Los niños nacidos en estos entornos tienen casi tres veces más probabilidades de morir antes de los cinco años que los nacidos en zonas estables.
En contraste, en regiones como Europa, América del Norte o Australia, la proporción de muertes por causas infecciosas cae drásticamente a un solo dígito (entre el 6 % y el 9 %), reflejando el impacto directo del acceso a la salud.
Es imprescindible invertir en salud primaria
Las agencias de la ONU son claras en su mensaje: sabemos cómo prevenir estas muertes. Soluciones de bajo coste y probada eficacia —como las vacunas, los tratamientos nutricionales y la asistencia de personal cualificado durante el parto— están al alcance de la mano.
En conclusión, la evidencia económica y humanitaria es innegable. Por cada dólar invertido en la supervivencia infantil, se generan hasta veinte dólares en beneficios sociales y económicos.
Ahora, lo que se necesita es un compromiso político renovado y una inversión sostenida en sistemas de atención primaria de salud para garantizar que ningún niño se quede atrás.





