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¡Campeona, vamos Judith… prueba conseguida! (4)

Sólo busqué, al azar, los lugares donde vería cada mar. Y, sin muchos preparativos, partí. Durante 27.000 kilómetros las carreteras me hablaron de sus gentes. Transportistas tan pacientes que hacen de la cabina del camión su casa. Controles policiales, límites, obras. Animales. Puestos de fruta, cerámica, hamacas, sombreros, pescado, miel, bayas, etc. Barracas por restaurantes o grandes estaciones de servicio. Casetas transformadas en hoteles. Hoteles que son castillos. Cada frontera era un paso hacia lo desconocido, otro idioma, otra moneda.

Campeona… prueba conseguida – Por la igualdad de la mujer en el deporte – Judith Obaya – Serie de artículos especial para jupsin.com  

Ha llegado el momento de hablaros de mi nueva aventura extrema. Y lo quiero hacer, ‘por la igualdad de la mujer en el deporte’, en el portal jupsin.com, con un NO rotundo al acoso y a la discriminación.

Me estoy preparando para volver muy pronto a Djebel Ouarkziz , la frontera natural entre Marruecos y Sáhara Occidental, para iniciar la misma travesía que realicé en bicicleta en 2017, pero esta vez para correr ‘Running the Sáhara’1.775 kms. (45 kms. día).



¡Campeona, vamos Judith… prueba conseguida! (4)

Hay momentos en la vida que nos marcan y no olvidaremos por mucho tiempo que pase. Aquella noche, principios de primavera de 2013, Google me puso en bandeja uno de mis grandes sueños cuando me mostró la lista de los 21 mares de Europa.

De haber hecho todos los cálculos me habría dado cuenta de que era una temeridad. No contaba con la información ni cartografía necesaria para cruzar esos 19 países, disponía de pocos días para hacer tantos kilómetros y con tan pocos recursos económicos pasaría hambre y frío…

Sólo busqué, al azar, los lugares donde vería cada mar. Y, sin muchos preparativos, partí

Sólo busqué, al azar, los lugares donde vería cada mar. Y, sin muchos preparativos, partí. Durante 27.000 kilómetros las carreteras me hablaron de sus gentes.

Transportistas tan pacientes que hacen de la cabina del camión su casa. Controles policiales, límites, obras. Animales. Puestos de fruta, cerámica, hamacas, sombreros, pescado, miel, bayas, etc.

Barracas por restaurantes o grandes estaciones de servicio. Casetas transformadas en hoteles. Hoteles que son castillos. Cada frontera era un paso hacia lo desconocido, otro idioma, otra moneda.

Meteora, GreciaJudith ObayaAventura ExtremaMujeres Deportistas

Lugares bellos y personas bondadosas

Me predijeron decenas de peligros que no encontré en ninguna parte. Sin embargo, no me advirtieron de la belleza de los lugares y de la bondad de las personas. Tal vez porque cada vez creamos menos en ellas.

Todos hablamos de lo mismo en diferente idioma. Comemos lo mismo preparado de forma diferente. Tenemos los mismos sentimientos, inquietudes y necesidades, pero en diferente medida.

Me predijeron decenas de peligros que no encontré en ninguna parte. Sin embargo, no me advirtieron de la belleza de los lugares y de la bondad de las personas

Podemos colocar candados en los puentes, pintar en las rocas o tirar monedas en las fuentes; al fin y al cabo, todos guardaremos iguales secretos y tendremos similares deseos. Nos marcó un pasado y nos encasilla un presente.

Camioneros albaneses y turcos, mercaderes, policías, turistas, pastores, niños y ancianos me abrieron las puertas de sus casas y comercios.

Me agasajaron con comida y bebidas refrescantes, animándome cuando creyeron que me hacía falta un empujón. Me hicieron reír y llorar de emoción…Todos fueron dando forma a ‘20Mares’.

Mi nombre empezó a sonar dentro del mundo de los viajes en moto: ‘20Mares’ había sido, cuanto menos, distinto a lo que el resto de moteros estaban haciendo, gustó y acaparó la atención de muchos.

Una mujer que nadie conocía había osado despertar el interés de los medios de comunicación, surgiendo de la nada para lograr en muy poco tiempo el respeto de todos.

Tbilisi, Georgia Judith ObayaAventura Extrema – Mujeres Deportistas.

17 puertos por una promesa

En junio de 2015, un zorro me hizo chocar con una roca. Sufrí traumatismo craneoencefálico y rotura de la séptima vértebra dorsal.

Pensé una y mil veces que en el peor de los casos había otras alternativas.  Aun así, las dudas estaban presentes y por si no quedaba claro que quería volver a la actividad sobre la moto me hice una promesa… Subir los puertos de montaña de salida de Asturias.

Un zorro me hizo chocar con una roca. Sufrí traumatismo craneoencefálico y rotura de la séptima vértebra dorsal

Busqué rápidamente un mapa y comencé a marcar, de este a oeste…

Puerto del Pontón, Tarna, San Isidro, Vegarada, Piedrafita, Pajares, Cubilla, Ventana, La Mesa, Somiedo, Leitariegos, Cerredo, Acebo y sumé los puertos más emblemáticos para los moteros… Casielles, Fitu, Anglirú y Lagos de Covadonga.

Después le puse nombre al propósito ‘17Puertosporunapromesa’. Ya lo tenía todo, solo tenía que deshacerme del corsé de hierro que me envolvía.

Maratón de superación día a día

La casualidad quiso que me encontrase con Juan Fernández Llames y comenzásemos a hablar de carreras. Una hidrocefalia dejó ciego a Juan a los 16 años. A pesar de todas las dificultades plantó cara al destino y no se ha rendido en esta maratón de superación que es su día a día.

Fueron 17 días, uno por puerto, que corrimos unidos por una cuerda de 20 cm

Fueron 17 días, uno por cada puerto, que corrimos unidos por una cuerda de 20 cm demostrándonos confianza y enseñándonos a pelear duro por nuestros objetivos.

Tomé la decisión de no encasillarme como piloto, me gustó la idea de realizar aventuras, retos, viajes… que nunca nadie hubiera hecho anteriormente. Superarme a mí misma me hacía levantarme cada mañana con mas fuerza, lo único que tenía que mantener era la confianza en mí misma.



Lo haría por todas las mujeres del mundo, proclamando a los cuatro vientos la necesidad de un final para los malos tratos

Un final para los malos tratos a las mujeres

No tardé en decidir cómo conseguiría mi siguiente dosis de adrenalina. Me propuse llegar al pico mas alto de la Península Ibérica corriendo, y en invierno, cuando la sensación térmica es de -20ºC.

Y lo haría no solo por mí, si no por todas las mujeres del mundo, transmitiéndoles mi fuerza y proclamando a los cuatro vientos la necesidad de un final para los malos tratos.

En los últimos años no solía haber mucha nieve en la cara sur del Mulhacén y en el momento de fijar la fecha para enero de 2017 no pude prever la ola de frío que azotaría la península en aquellos días.

A 3 km del punto de partida el espesor de nieve había aumentado considerablemente y cambié las zapatillas de correr por las botas. Estaba muy claro que la carrera en aquellas condiciones era imposible y pasaba a ser una ascensión de montaña en toda regla.

El Mulhacén seguirá ahí y yo estoy dispuesta a volver a probarlo…Judith ObayaAventura ExtremaMujeres Deportistas

Cuando alcancé los 10,5 km las cosas empezaron a complicarse. Constantes placas de hielo para las que no llevaba unos crampones de alpinismo, ventisca cada vez más fuerte y constante, escarcha que se pegaba a las gafas y me impedía ver…

Era una temeridad continuar, no ponía solo en peligro mi vida, pensé también en mi compañero de equipo, Jose Manuel Barrós y en quienes tuviesen que subir a buscarme

Fijé la mirada en una roca a lo alto y decidí llegar hasta ella para refugiarme y comprobar en el GPS la dirección que tenía que tomar y la distancia que me quedaba hasta la cumbre.

Apenas veía nada y notaba mucho frío en las manos y la cara cuando llegué a la roca. Miré al norte, donde se encontraba mi objetivo, vi que una espesa niebla amenazaba envolverme con rapidez.

En ese momento pensé que era una temeridad continuar, no ponía solo en peligro mi vida, pensé también en mi compañero de equipo, Jose Manuel Barrós, que no me dejaría allí sola y en cuantas personas tuviesen que subir a buscarme.

Puertos de los Lagos de CovadongaJuan Fernández Llames y Judith ObayaAventura ExtremaMujeres Deportistas

¡Vamos… campeona!

Cambié la batería de la cámara soportando un fuerte dolor en los dedos a causa del frío mientras recordaba las palabras de Liv Arnesen en su libro ‘Las niñas buenas no van al Polo’ que había leído días atrás. No quería irme de aquel lugar sin llevarme algunas imágenes del punto más alto alcanzado nunca por mi y prometer que volvería a intentarlo.

Cambié la batería de la cámara soportando un fuerte dolor en los dedos a causa del frío…

Cuando logré llegar donde me esperaba José Manuel la niebla ya nos había alcanzado. La ventisca había borrado ya las huellas de los dos y debimos guiarnos por el GPS para descender.

Llegué al inicio sin decir una palabra, no es propio de mi abandonar, y lamentaba no haber podido llegar al final mientras José Manuel me repetía una y otra vez que había hecho lo correcto.

El Mulhacén seguirá ahí y yo estoy dispuesta a volver a probarlo…





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