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Del maldito perfeccionismo a la bendita sensibilidad

Dra. Manuela Pérez Chacón, presidenta de la Asociación Española de
Psicólogos y Profesionales de Alta Sensibilidad (PAS España)

Del maldito perfeccionismo a la bendita sensibilidad. Abordamos en este artículo un nuevo aspecto de las PAS. En 2026, seguimos aprendiendo sobre el significado de ser Persona Altamente Sensible.

Nos queda mucho por conocer. Para ello, contamos con la colaboración de la Asociación de Psicólogos y Profesionales de Alta Sensibilidad (PAS España).

Ser una persona altamente sensible no es una desventaja, sino una forma profunda de estar en el mundo, con una capacidad única para captar matices emocionales, conectar con los demás y reflexionar con profundidad.

Te lo contamos en jupsin.com, el portal profesional exclusivo de IPDGrupo.com que te ofrece información para decidir sobre igualdad y salud.

Del maldito perfeccionismo a la bendita sensibilidad

Dra. Manuela Pérez Chacón

Hay una frase que escucho con frecuencia en consulta: «No importa lo que haga, nunca es suficiente». Detrás de ella no solo suele esconderse exigencia, sino también cansancio, soledad y una sensibilidad no reconocida.

Por eso hoy quiero hablar del perfeccionismo, ese invitado incómodo que se cuela en la vida de tantas personas altamente sensibles, y que a veces convierte su enorme potencial en una fuente de sufrimiento.

El perfeccionismo no es solo «querer hacer las cosas bien», es una forma de mirar bajo una lupa crítica constante.

Para muchas personas altamente sensibles (PAS), esta mirada nace temprano, en la infancia, cuando perciben más de lo que los demás parecen ver, tales como cambios sutiles en el tono de voz, tensiones en casa, miradas, silencios, expectativas.

Su sistema nervioso, más fino y profundo, registra todo eso y lo procesa intensamente. Y entonces, casi sin darse cuenta, aparece el mandato interno: «Si lo hago perfecto, no molestaré, no decepcionaré, no me rechazarán».

Ahí comienza un círculo que va desde la sensibilidad hacia la rumiación, hasta la autoexigencia, el agotamiento y la soledad.

Las personas altamente sensibles suelen tener una fuerte tendencia a la profundidad de procesamiento.

Piensan mucho, analizan mucho, se anticipan mucho. Esto es una enorme fortaleza cuando se usa a favor, que muestran mediante la creatividad, la empatía, la capacidad reflexiva e incluso la conciencia ética.

Pero cuando se combina con entornos críticos o muy demandantes, o bien, no se validan sus ideas, su sensibilidad se convierte en un caldo de cultivo ideal para el perfeccionismo.

Desde muy pequeñas, estas personas reciben mensajes, a veces explícitos y otras veces sutiles, del tipo «no llores tanto», «no seas tan sensible», «no te lo tomes todo tan a pecho», «no exageres».

No se cuestiona su capacidad, se cuestiona su forma de sentir. Y el niño/a o el adolescente altamente sensible aprende que para ser aceptado debe «corregirse o cambiar».

Como no puede dejar de sentir intensamente, ya que ese es su rasgo, no su defecto, el menor intenta corregir lo que hace. Es decir, genera una tendencia al perfeccionismo. El perfeccionismo se convierte entonces en estrategia de supervivencia emocional.

La soledad emocional

Y aquí aparece otro elemento clave, la soledad. No hablo solo de soledad social, sino de la más dolorosa, la soledad emocional. Esa sensación de no ser visto en lo esencial, de que la profundidad con la que uno siente no encuentra espejo en los demás.

Personas que están rodeadas, pero se sienten solas por dentro. Personas que se esfuerzan por cumplir, por destacar, por ayudar, pero que viven con la percepción íntima de ser demasiado intensos para unos e  insuficientes o invisibles para otros.

El perfeccionismo, en estos casos, funciona como un puente defectuoso, la persona altamente sensible intenta conectar con los demás a través del logro, la competencia, el «quedar bien», cuando el deseo real es conectar a través de la autenticidad.

No hablo solo de soledad social, sino de la más dolorosa, la emocional. Esa sensación de no ser visto en lo esencial, de que la profundidad con la que uno siente no encuentra espejo en los demás.

Las personas altamente sensibles buscan vínculos fuertes, reales, coherentes, honestos. No les basta la interacción superficial.

Por eso, cuando no los encuentran, la soledad se vuelve más intensa. Y el perfeccionismo vuelve a aparecer, llegan a pensar: «Si fuera mejor, más fuerte, menos sensible… entonces me entenderían». Y esa idea duele.

En la adolescencia, este mecanismo se agudiza. Es la etapa del espejo social, de la mirada del grupo. El adolescente altamente sensible vive la crítica muy a fondo, el fracaso como una herida en la identidad, el éxito como una euforia que también desborda.

Rumian mucho los errores, repasan una y otra vez lo que dijeron o hicieron, se juzgan con dureza. El perfeccionismo se convierte entonces en un intento desesperado de controlar algo en medio de un mundo interno en el que se suelen refugiar.

Pero el precio es alto, este perfeccionismo deriva en ansiedad, agotamiento, bloqueo creativo, miedo al error. Y, sobre todo, desconexión de uno mismo.

Porque el perfeccionismo no solo pide resultados impecables, también exige silenciar las necesidades, minimizar las emociones, esconder la vulnerabilidad.

Y la persona altamente sensible, que precisamente florece cuando puede expresar su mundo interior, termina sintiéndose cada vez más lejos de sí misma y de los demás.

Hay además un perfeccionismo silencioso, el moral. No tiene que ver solo con notas, orden o productividad, sino con ser «buena persona en todo».

La persona altamente sensible, que florece cuando puede expresar su mundo interior, termina sintiéndose cada vez más lejos de sí misma y de los demás.

Muchos niños/as y adolescentes altamente sensibles sienten una fuerte responsabilidad ética. Se culpabilizan, piden perdón por todo, intentan no molestar, se esfuerzan por sostener emocionalmente a los demás.

Son expertos en detectar el malestar ajeno y muchas veces inexpertos en pedir ayuda para el propio. Este tipo de perfeccionismo, basado en el cuidado de otros, también conduce a la soledad. Podría decirse que quien siempre sostiene, pocas veces es sostenido.

Del perfeccionismo a la autoaceptación

Frente a esta realidad, surge una pregunta esencial, ¿cómo transformar el maldito perfeccionismo” en algo diferente?

No se trata de eliminar la sensibilidad ni de apagar la profundidad. Se trata de cambiar el foco: del perfeccionismo a la autoaceptación.

Comprender que la Alta Sensibilidad no es un problema a corregir, sino un rasgo a integrar. Que la intensidad emocional necesita espacios de calma y tiempo a solas, una soledad elegida, reparadora, pero que no merece la soledad impuesta por la incomprensión.

El primer paso es poner nombre a lo que ocurre. Cuando un niño, adolescente o adulto altamente sensible descubre que su forma de sentir está descrita, investigada y compartida por muchas otras personas, la vivencia cambia. El menor deja de sentirse raro y pasa a sentirse reconocido. La soledad se rompe.

El segundo paso es validar la experiencia interna. Transmitirle frases tales como «Tiene sentido que te sientas así», o «No estás exagerando, estás procesando en profundidad».

Ese tipo de mensajes reparan lo que el perfeccionismo había construido. Consiguen anular la idea de que solo merezco afecto si lo hago todo bien. La persona aprende que merece afecto por ser, no por rendir.

La sensibilidad necesita descanso, pausa, naturaleza, silencio, relaciones auténticas. Cuando estas necesidades se respetan, el perfeccionismo pierde fuerza porque el sistema deja de vivir en amenaza constante. Viñeta exclusiva de Idígoras y Pachi en jupsin.com.

El tercero es educar en límites y autocuidado, especialmente frente a la sobreestimulación. No todo hay que hacerlo, no todo hay que hacerlo ya, no todo hay que hacerlo perfecto. A veces basta con hacerlo, o con hacerlo suficientemente bien.

La sensibilidad necesita descanso, pausa, naturaleza, silencio, relaciones auténticas. Cuando estas necesidades se respetan, el perfeccionismo pierde fuerza porque el sistema deja de vivir en amenaza constante.

Y, finalmente, es fundamental trabajar la mirada compasiva hacia uno mismo. Si la autoexigencia fue el idioma aprendido, la autocompasión es el nuevo lenguaje a practicar.

La clave está en tratarse con la misma delicadeza con la que se trata a los demás. Entender que equivocarse no es un fallo moral, sino parte del proceso de vivir.

El problema nunca fue sentir mucho

La Alta Sensibilidad no está reñida con la excelencia, al contrario, suele ir de la mano de talentos profundos. Pero la excelencia nace del cuidado y la aceptación, no del látigo del perfeccionismo.

Cuando una persona altamente sensible se permite ser imperfecta, algo se afloja por dentro. Aparece la creatividad genuina, se abren los vínculos reales y la soledad se vuelve menos dañina, más habitable.

Tal vez entonces el grito interno cambie. De «maldito perfeccionismo» a «bendita sensibilidad». Porque el problema nunca fue sentir mucho. El problema fue creer que para ser querido había que ser perfecto.

Dra. Manuela Pérez Chacón, presidenta de PAS España

La Dra. Manuela Pérez Chacón es Licenciada en Psicología con dos especialidades, industrial y clínica, por la Universidad nacional de Educación a distancia. Es Doctora en Psicología de los Recursos Humanos por la Universidad de Sevilla.

En el área de la salud, es fundadora y miembro de la Unidad de Salud Mental del Hospital Jerez Puerta del Sur. Trabaja realizando psicoterapia cognitivo conductual. Pertenece al Colegio de Psicólogos de Andalucía Occidental. 

En el área de la Psicología Industrial, es fundadora y miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Técnicos en Prevención de Riesgos Laborales de Andalucía. Trabaja e investiga en riesgos psicosociales. Tiene experiencia como profesora ayudante en la Universidad Internacional de la Rioja.

En el área de la Psicología de la Personalidad, es fundadora y preside la Asociación de Psicólogos y Profesionales de Alta Sensibilidad (PAS España). Trabaja la difusión y divulgación científica de la Sensibilidad de Procesamiento sensorial, colaborando en medios de comunicación, tales como RNE, TVE o El País y ahora con jupsin.com, IPDGrupo.com.

jupsin.com es el portal profesional exclusivo de IPDGrupo.com que te ofrece información para decidir sobre salud e igualdad y que dice NO a cualquier forma de acoso, abuso, agresión, violencia o discriminación.

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