Jupsin

Chile, salud mental y respuesta de crisis (2)

Chile se encuentra atravesando un momento en el que se ha puesto de manifiesto la profunda fractura que existe en nuestra sociedad desde hace décadas. En nuestra posición, la patologización y la individualización pueden actuar como una defensa a nuestras propias angustias, dificultando la escucha y la vinculación que sostiene.

Salud mental, respuesta de crisis – Sugerencias de cuidado par psicólogos y psicoterapeutas ante el Estado de Excepción en Chile – Grupo Miradasjupsin.com

  • Chile se encuentra atravesando un momento en el que se ha puesto de manifiesto la profunda fractura que existe en nuestra sociedad desde hace décadas.

  • En nuestra posición, la patologización y la individualización pueden actuar como una defensa a nuestras propias angustias, dificultando la escucha y la vinculación que sostiene.



La violencia sociopolítica es de difícil representación anticipatoria, y se fragua en el terreno de lo inimaginable

Chile se encuentra atravesando un momento en el que se ha puesto de manifiesto la profunda fractura que existe en nuestra sociedad desde hace décadas.

Chile atraviesa un momento que manifiesta la profunda fractura que existe en nuestra sociedad desde décadas

Fractura que nos divide en amigos y enemigos, haciéndonos perder la noción de semejante.

Y con ello, la posibilidad de sintonizar con las diversas manifestaciones del malestar y del sufrimiento, que se nos aparecen como amenazas a una identidad que sin un nosotros cohesionado, se fragiliza y corre el riesgo de fragmentarse.

A su vez, el irreconocimiento intersubjetivo de las vivencias emocionales, solo recrudece el malestar y el sufrimiento abriendo las fisuras para la instalación de procesos que podrían llevarnos a enfermar.

La investigación y la experiencia nos han mostrado contundentemente que la violencia, en cualquiera de sus formas, y proveniente de sus más diversas fuentes, constituye el escenario más propicio para la aparición de estos padecimientos…

… como ya venimos siendo testigos y testimonios en Chile, con las altísimas tasas de suicidio, especialmente el de los jóvenes y adultos mayores, así como los padecimientos anímicos caracterizados por la angustia y la depresión en la comunidad general.

La violencia sociopolítica es de difícil representación anticipatoria, y se fragua en el terreno de lo inimaginable.

Patologización del sufrimiento emocional

La medicalización de la vida cotidiana y la consiguiente patologización del sufrimiento emocional nos distrajo de pensar en esas violencias, particularmente aquellas estructurales, generando una profunda discordancia entre las percepciones subjetivas y los sistemáticos procesos y mecanismos de desubjetivación que hacen el salvajismo de un modelo social, político y económico que expropia, vacía y estalla las condiciones para la humanización.

Ante el actual panorama nacional, donde tales procesos y mecanismos se radicalizan, cuando no entrega espacios para generar la concordia y el acuerdo, instalando un clima de beligerancia que marca y remarca las fragmentaciones intersubjetivas e intrasubjetivas, como psicólogos podemos:

  • Cuidar nuestra exposición a situaciones de riesgo, físico y psíquico, a fin de conservar en nosotros mismo las condiciones mínimas requeridas para la acogida, la orientación y la vinculación con personas y comunidades fuertemente conmocionadas por el miedo, el estupor y la indignación propias de contextos de emergencia social.

La seguridad material en estados de emergencia se desestabiliza, modificando nuestros encuadres habituales de intervención y de acción


  • Identificar espacios, momentos y personas que representen para nosotros mismo un ‘lugar seguro’, en términos simbólicos, en la medida que la seguridad material en estados de emergencia se desestabiliza, modificando nuestros encuadres habituales de intervención y de acción, así como las condiciones corrientes en las que ejercemos nuestras funciones profesionales. Tenemos que recordar que el encuadre responde más bien a un lugar emocional de un vinculo profesional específico, antes que un espacio físico bajo cuatro paredes.

Chile, salud mental y respuesta de crisis


  • Legitimizar, validad y reconocer nuestros propios límites para afrontar la intensidad emocional que emerge del contexto nacional, en la medida que puede conducirnos a experimentar sensaciones de profunda impotencia, desesperanza, futilidad así como irrupciones de efervescencia y euforia, aún cuando se encuentren comandadas por el más genuino interés de colaborar y contribuir en pos de alcanzar el bienestar de las personas y de la comunidad. Como contraparte, la omnipotencia también puede aparecer excediendo nuestras propias capacidades, por lo que la formación y supervisión resultan fundamentales; los primeros auxilios psicológicos (PaP) no son lo mismo que la psicología clínica, y es importante conocer y respetar diferencias y limitciones: un primer tiempo para escuchar y conectar con otros, y será a futuro y en otros espacios el tiempo para reelaborar.

  • Promover y generar instancias de apoyo afectuoso y sostén técnico entre pares que sean de nuestra confianza, así como buscar contención en colegas con mayor experiencia y trayectoria vital que puedan contener nuestra inquietudes y temores, sin avergonzarnos del estado de ignorancia en el que caemos cuando las violencias irrumpen sin darnos tregua para anticipar alguna idea o acción. La violencia sociopolítica, aunque sospechada, es de difícil representación anticipatoria, y se fragua en el terreno de lo inimaginable.

Buscar contención en colegas con mayor experiencia y trayectoria vital que puedan contener nuestra inquietudes y temores


  • Cuidarnos de patologizar, medicalizar e individualizar el sufrimiento de quienes acudirán por nuestro sostén y contención, por el riesgo que esto puede acarrear de obturar las vías que los excesos psíquicos se abren para manifestarse en circunstancias de emergencia y ser traducidos en una experiencia que otorgue una significación sensible para quienes lo padecen. En nuestra posición, la patologización y la individualización pueden actuar como una defensa a nuestras propias angustias, dificultando la escucha y la vinculación que sostiene.

Estas orientaciones pueden ayudarnos a conservar un pensamiento crítico de lo que se encuentra sucediendo en nuestro país, y también en relación al ejercicio de nuestro rol en situaciones de emergencia social.


  • Apelara la recuperación de símbolos, conceptos y palabras que, sin pretender desmentir la adversidad sociopolítica presente, nos permitan generar espacio de conversación entre nosotros mismos en un marco de respeto y de reconocimiento de nuestras posiciones singulares en relación a los acontecimientos actuales. Existe literatura y bibliografía sobre la ética del cuidado, la pedagogía de la ternura, primeros auxilios psicológicos, irrupciones de lo traumático, violencia política, etc.

  • Aunque muy generales, estas orientaciones pueden ayudarnos a conservar un pensamiento crítico de lo que se encuentra sucediendo en nuestro país, y también en relación al ejercicio de nuestro rol en situaciones de emergencia social. Cada uno de nosotros asumirá posturas singulares que deben ser igualmente reconocidas en espacios de discusión y apoyo colectivo, tal como se mencionó anteriormente, no obstante, también debemos asumir la responsabilidad ética de cuidados implicada en el ejercicio de nuestras acciones disciplinarias. Esperamos que las reflexiones aquí compartidas permitan gradualmente re-pensar nuestro quehacer en pos de la tarea de resarcimiento de las fracturas y de la imaginación creativa de nuestros enlaces intersubjetivos.

Ps. Nory Délano / Ps. Ignacio Fuente / Ps. Constanza Quintanilla / Ps. Ramiro Ramírez


Grupo Miradas, Chile

Grupo Miradas se inicia en mayo de 2015, como expresión de una inquietud compartida por profesionales de las ciencias sociales, respecto del estatus de la infancia y adolescencia en Chile:

  • desde las políticas público-privadas

  • la ausencia de espacios de reflexión y contención acerca de las prácticas laborales ejecutadas por profesionales en contextos de gran exclusión social

  • y la calidad de la oferta en salud mental infanto-juvenil

A raíz de ello, se busca a través de la supervisión y formación, fomentar el entramado social entre profesionales dedicados a trabajar con niños, niñas y adolescentes, cuestionar y proponer prácticas respetuosas, novedosas y acorde a las necesidades de familias.

“El trabajo en reparación del abuso sexual infantil nos lleva a pensar en muchas palabras delicado, complejo, inspirador, exigente- pero la que mayor presencia tiene, al menos para mí, es ‘ética’. La ética entendida  como una forma de observar, de reflexionar. De decidir en la trayectoria con un niño o una niña que ha vivido una experiencia como el ASI, cuáles acciones, actitudes, qué palabras, son las que pueden cuidar más y mejor, y acompañar de forma precisa y muy firme procesos de duelo, reparación y de restitución de confianzas y vitalidades entrañables. Se requieren vocación, sensibilidad, imaginación, autoexamen constante, ductilidad, competencias y muchos conocimientos (y horas de vuelo) en este quehacer; e indispensables son, sobre todo, una ética del cuidado y de la dignidad. Todas las anteriores, son las coordenadas que sustentan el trabajo de las y los psicólogos de este equipo.”  Ps. Vinka Jackson, 2017 – @vinkajackson

 


Deja tu comentario
Salir de la versión móvil