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Los orígenes del acoso laboral

Leymann (1996), uno de los primeros investigadores europeos del acoso laboral en Europa, indicaba que la deficiencia en el diseño de trabajo, el estilo de liderazgo, la exposición social de la víctima y la baja moral del departamento eran los factores que se encontraban en los orígenes del acoso laboral, y no la personalidad del afectado. El conflicto de rol es un elemento que predice este tipo de circunstancias a la luz de investigaciones -Reknes, Einarsen, Gjerstad y Nielsen (2019)-, el estilo de liderazgo, tanto en su vertiente autoritaria como aquella que deja pasar absolutamente todo.

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‘Abeunt studia in mores’ – Ovidio – Lo que se persigue con celo se convierte en costumbre –  Acoso laboral – Por Laura Quiun – Especial para jupsin.com

  • El componente de vulnerabilidad que pueden tener algunas personas frente a determinado tipo de situaciones, no se reduce a un mero hecho psicológico, sino a factores de tipo ambiental.

  • El acoso laboral no solo le ocurre a las mujeres, puesto que es una problemática que no hace distinciones de género, o por venir de entornos menos favorecidos.


Leymann (1996), uno de los primeros investigadores europeos del acoso laboral en Europa, indicaba que la deficiencia en el diseño de trabajo, el estilo de liderazgo, la exposición social de la víctima y la baja moral del departamento eran los factores que se encontraban en los orígenes del acoso laboral, y no la personalidad del afectado.

El conflicto de rol es un elemento que predice este tipo de circunstancias a la luz de investigaciones –Reknes, Einarsen, Gjerstad y Nielsen (2019)-, el estilo de liderazgo, tanto en su vertiente autoritaria como aquella que deja pasar absolutamente todo.

Conductas corruptas de acoso laboral

También, la relación entre el acoso laboral y la baja moral del lugar en el que se presenta, hecho que hace que investigadoras como Margaret Vickers describa las conductas de acoso como corruptas (2013).

El acoso laboral no solo le ocurre a las mujeres, puesto que es una problemática que no hace distinciones de género, o por venir de entornos menos favorecidos

Y la exposición social de la víctima, que no es otra cosa que esa posición de menos poder a la que accede por no estar muchas veces de acuerdo con lo que pasa, por formar parte de grupos minoritarios como extranjeros, personas con algún tipo de discapacidad, ser mujer…

Con esto, no quiero decir que el acoso solo le tenga que ocurrir a mujeres, puesto que es una problemática que no hace distinciones de género… o por venir de entornos menos favorecidos.

Sin embargo,  los estudiosos Lange, Burr, Conway y Rose (2019) exponen, entre otras cosas, que existe mayor prevalencia de acoso laboral entre personas de clases sociales menos favorecida que en otras más acomodadas.

Los resultados de su estudio describen la presencia de esta problemática en Alemania y apuntan a un dato común encontrado en mi tesis doctoral.

Me refiero al hecho que un alto porcentaje de las personas que habían respondido al estudio que desarrollé tenían estudios superiores, en hogares en los cuales el mayor sustento es producto de un oficio cualificado… o no cualificado, que a nivel salarial puede asociarse a la pertenencia a una clase menos favorecida.

Me imagino que después de leer esto alguien inferirá que el acoso laboral es solo de gente pobre. Es una conclusión fácil a mi modo de ver, simplista, dado que impide ver la complejidad de todo lo que hay detrás de esta información. Y que puede ocultar una realidad que no se denuncia en otros grupos sociales por otros motivos.

Laura Quiun es Comunicadora Social, Doctora en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, Coach Ejecutiva y Associate Member del International Society for Coaching Psychology – Foto: DPNB

Ausencia de capital social

Este tipo de contexto habla de una serie de estresores adicionales, una relación distinta con el trabajo, con el significado de ascenso social asociado a la profesión universitaria y aún más a las salidas profesionales que una persona puede tener con una profesión.

Hablan de ausencia de capital social –Coleman (1988)-, visto como un desconocimiento de todas las oportunidades que el acceso a este nuevo entorno puede tener, o incluso el saber cómo moverse en él.

Este saber que, para el que forma de un determinado grupo, puede resultar natural, ya sea por haber crecido en él por ser nacional o por venir de un contexto social acomodado, el cual se reproduce porque en eso ha sido formado. Saber que no resulta una nueva área de aprendizaje, producto del cual se abre a su vez un panorama distinto ante sus ojos.

Contar con mayor capital social coloca a la persona en una posición distinta, incluso de cara a cómo es percibido por el otro, con mayor capacidad de asumir riesgos, dado que tiene cubiertos aspectos básicos

En un artículo reciente, Manuel García Garrido hace alusión al hecho de que las personas que pertenecen a clases más acomodadas pueden expresar mayor autoconfianza, lo que influye en la forma en la que pueden ser percibidos por el otro, señalando este hecho como producto de un aprendizaje social.

Contar con mayor capital social, a la larga, a nivel subjetivo coloca a la persona en una posición distinta incluso de cara a cómo es percibido por el otro, exhibiendo una mayor capacidad de asumir riesgos, dado que tiene cubiertos aspectos básicos. Esto hace que carezcan de ciertos aprendizajes, producto de quienes provienen de entornos menos favorecidos y han crecido expuestos a un mayor número de estresores.

Este hecho, no solo se reduce a la pertenencia a una determinada clase social, sino al de formar parte de un grupo minoritario o ser inmigrante, lo cual implica carecer de una red social de apoyo. Sin contar, claro está, el desconocimiento del idioma para algunos, y el desconocimiento de todas las posibilidades de trabajo. Por lo mismo, permanecer o aceptar situaciones poco convenientes sobre todo a los inicios del proceso migratorio, porque el trabajo en sí es un medio de vida y una fuente de sustento.

Esta situación coloca en una posición de vulnerabilidad, porque se cuenta con menos recursos para poder defenderse, ser asertivo ante determinadas situaciones.

Entender que existen aspectos asociados a la formación que hay que tener en cuenta con personas que provienen de otras realidades, sea del tipo que sea, resulta un aspecto clave. Foto: DPNB

El componente de vulnerabilidad que pueden tener algunas personas frente a determinado tipo de situaciones, no se reduce a un mero hecho psicológico, sino a factores de tipo ambiental. Es, finalmente, una confluencia de factores la que hace que ante estímulos de este tipo, para algunos y en determinado momento, el impacto resulte aún mayor, debido a que carezcan de todas las herramientas propias del entorno para poder hacerles frente.

Entender que existen aspectos asociados a la formación que hay que tener en cuenta con personas que provienen de otras realidades, sea del tipo que sea, resulta un aspecto clave

Llegar a pensar que hay un sentido determinista en todo esto, también puede resultar simplista, y entendible quizá si la persona está en medio del ojo del huracán.

Entender que existen aspectos asociados a la formación que hay que tener en cuenta con personas que provienen de otras realidades, sea del tipo que sea, resulta un aspecto clave.

Los programas de igualdad, los programas de mentorización a aquellos jóvenes que constituyen la primera generación con estudios universitarios resulta otra opción.

El programa de la Fundación Princesa de Gerona, por ejemplo, o iniciativas que enseñen a los jóvenes a debatir, a saber exponer sus ideas y poder defenderlas, un aprendizaje que va de la mano con un aprendizaje personal.

Os animo a ver el documental “En voz alta, la fuerza de la palabra (En voix haut, la force de la parole, Stephen Freitas, 2016).

Son aspectos que favorecen y ayudan. Pero, como todo, son algo que apoya a quien vive una situación que debe abordarse, en primer lugar, desde otras instancias, partiendo de un trabajo al interior de la misma organización y una apuesta general por entornos más saludables.



Referencias

  • Coleman, J. S. (1988). Social capital in the creation of human capital. American journal of sociology, 94, S95-S120.


  • Lange, S., Burr, H., Conway, P. M., & Rose, U. (2019). Workplace bullying among employees in Germany: prevalence estimates and the role of the perpetrator. International archives of occupational and environmental health, 92(2), 237-247.

  • Reknes, I., Einarsen, S. V., Gjerstad, J., & Nielsen, M. B. (2019). Role conflict as an antecedent of exposure to workplace bullying: the moderating role of dispositional affect. Frontiers in Psychology, 10, 44.

  • Vickers, M. H. (2014). Towards reducing the harm: Workplace bullying as workplace corruption—A critical review. Employee Responsibilities and Rights Journal, 26(2), 95-113.

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