En sus Manos

El acoso: la patología de la soledad

Si algo produce dolor a la víctima de acoso, aparte de las humillaciones, vejaciones, hostigamientos, es sin duda la sensación de desamparo que siente. Tiene la sensación de estar viviendo inmersa en una locura a la que no encuentra explicación, siente miedo, culpabilidad y vergüenza.

La psiquiatra francesa Marie-France Hirigoyen define el acoso moral como la patología de la soledad. Este es nuestro séptimo paso, comprender esta soledad e intentar paliarla en la medida de lo posible.

Si algo produce dolor a la víctima de acoso, aparte de las humillaciones, vejaciones, hostigamientos, es sin duda la sensación de desamparo que siente. Tiene la sensación de estar viviendo inmersa en una locura a la que no encuentra explicación, siente miedo, culpabilidad y vergüenza. No encuentra una salida posible, una solución, precisamente porque es una situación que escapa a toda lógica.

De repente, haga lo que haga, todo esta mal, todo es erróneo o mal intencionado. La víctima no sabe qué hacer, se encuentra desorientada, aturdida, no sabe a quién puede contarlo porque ni siquiera ella entiende lo que está sucediendo. Se encuentra tan desestabilizada que no es capaz de transmitir a los demás qué le ocurre.

La víctima duda de su propia salud mental al encontrar que solamente ella percibe las agresiones que sufre por parte de su acosador

Objetivo del acoso: aislar a la víctima

Los compañeros a su alrededor, no dicen nada, parece que nada está pasando salvo en la mente de la víctima. Seguro que os habéis hecho esta pregunta ¿es que nadie ve lo que me ocurre?

En numerosas ocasiones, la víctima suele dudar de su propia salud mental al encontrar que solamente ella percibe las agresiones que sufre por parte de su acosador. No hay nada más destructivo, dice Hirigoyen, que lo incomprensible.

El objetivo primordial del acoso es aislar a las personas, separarlas del grupo para que no puedan transmitir sus quejas a los demás compañeros, para que no puedan encontrar apoyo ni consuelo. Cuando más sola esté la víctima más daño se le ocasionará y menos capacidad de defenderse tendrá.

Al principio, la víctima intentará buscar algún apoyo entre los compañeros pero pronto verá, con autentica desesperación, como no sólo miran hacia otro lado, sino como se separan de ella como si de un apestado se tratase. El vacío y aislamiento van envolviendo a la víctima.

A nadie interesa su sufrimiento, nadie le ayuda, algunos incluso se cuestionan su culpabilidad. Otros la tildarán de loca o desequilibrada, y como es imposible encontrar una lógica a esta cruel situación, en algunos casos la propia víctima acaba por creerlo. La persona acosada queda paralizada, no se atreve a hablar de lo que le pasa, por un lado porque tienen miedo de empeorar la situación que viven y por otro porque temen posibles represalias.

La persona se convierte así en doblemente víctima, por un lado de su acosador y por otro de los compañeros o de la organización empresarial que la abandonan a su suerte y que en muchos casos acaban participando de un linchamiento colectivo.

La persona se convierte en doblemente víctima, por un lado de su acosador y por otro de los compañeros o de la organización empresarial que la abandonan a su suerte y que participan de un linchamiento colectivo

Acosadores con técnicas devastadoras

Ya mencionamos, en post anteriores, el miedo al que están sometidos los trabajadores en las organizaciones psicosocialmente tóxicas (ENLAZAR).

Empresas en las que sólo prima la rentabilidad, el resultado económico y en las que no se cuida a las personas ni se las respeta.

Estructuras en las que prosperan las técnicas devastadoras del acosador que, campa a sus anchas impune, porque nadie hace nada para evitar los abusos de poder.

El trabajador vive en ellas con un constante miedo a perder su trabajo o su posición, a desentonar del resto por temor a represalias.

Las relaciones entre los empleados y en general entre todos los miembros del grupo se deshumanizan, se convierten en personas pasivas, títeres, «corderos» que no harán nada por otros a los que ven maltratados, en muchas ocasiones por miedo a convertirse también ellos en víctimas del acoso y correr la misma suerte que el acosado. Se sienten así protegidos.

Bajo estas circunstancias tóxicas, los compañeros tienden a aislar a la víctima, la perciben como indeseable para el grupo y guiados por las directrices del acosador llegan incluso a participar en el asedio, despojándose de toda responsabilidad y culpa, amparados en las órdenes que reciben y «deben» cumplir. Pierden toda referencia moral o ética, desaparecen los sentimientos de compasión o pena y el de justicia. Saben que lo que hacen es inmoral, pero diluyen su culpa en la obediencia debida. ¡Curiosa forma de auto-engañarse!

La indefensión aprendida, según Piñuel, supone que la víctima quede paralizada. Ya no hace nada para evitar el linchamiento. Se callará, y no solicitará ayuda

Nadie se cuestiona acerca de la conducta inaceptable del acosador, en su defecto, buscan la explicación del hostigamiento en las víctimas de acoso, culpabilizándola y concibiéndola como merecedora de un castigo. Los superiores jerárquicos tienden a aceptar sin más los prejuicios que va extendiendo malvadamente el acosador contra su víctima.

Es así como la víctima llega a sentirse culpable de la situación que vive, al no encontrar otra explicación. Pero como ya aprendimos en nuestro SEGUNDO PASO (enlazar) la víctima es siempre inocente, pues nada justifica el abuso y el maltrato de la forma o en el ámbito que sea.

La indefensión aprendida, nos dice el profesor Iñaki Piñuel, supone que la víctima quede paralizada. Ya no hace nada para evitar el linchamiento. Se callará, y no solicitará ayuda, no hablará de lo que le ocurre. Esta actitud de la víctima, favorece al acosador, haciendo que el acoso quede encubierto.

Que en una organización se produzcan casos de hostigamiento, persecución o de acoso contra los trabajadores indica que esta no funciona correctamente. Los directivos más ineficaces, incitaran a que se produzcan estos linchamientos colectivos contra las víctimas. En muchas ocasiones, ante crisis de la propia organización, se utilizan estas técnicas para volver a reestablecer el orden social perdido en la empresa. El grupo que lincha unido rehace su unidad perdida. Esto no refleja otra cosa, sino la pésima gestión de la organización o del jefe tóxico.

En los procesos de acoso, es pues fundamental, que la víctima busque apoyos, que no permanezca sola, que confíe su sufrimiento a otros, que lo cuente, que busque asesoramiento, que se informe y que actúe apoyada tanto por la familia como por especialistas en la materia.

Las personas, necesitamos en algunos momentos vitales, palabras de cariño, de ánimo, sentir el apoyo de  otra persona o simplemente ser escuchados. Necesitamos agarrarnos con fuerza a la mano de alguien para no caer al vacío. Una persona acosada no puede salir sola a flote, es por ello que el objetivo del acosador es aislarla de todos y de todo. No le demos esta ventaja a nuestro verdugo. Si lo que él persigue es nuestra soledad, nuestro silencio, hagamos lo contrario, contémoslo, que no quede nadie sin saber lo que nos ocurre, mostremos a todos el horror que vivimos, nuestro sufrimiento. Pidamos ayuda a quien creamos que puede proporcionárnosla. Que la empresa conozca de primera mano las vejaciones que sufrimos, para que sepa de donde viene el problema, para protegernos en un futuro. Solicitemos que cumpla con su deber de garantizar nuestra salud y seguridad. Informémonos de cómo y cuándo debemos actuar, de a quién tenemos que acudir. Pongámonos en manos de los especialistas necesarios, abogados, médicos, psicólogos. Cuanto antes lo hagamos, mejor. Cuanto antes comuniquemos  lo que nos pasa, mejor. Cuanto antes tengamos la información oportuna de cómo actuar, mejor. Cuanto antes podamos contar con ayuda médica o psicológica mejor.

Contarlo, venced el miedo que os mantiene atenazados, superar el terror, pues este solo interesa al acosador. Callarse es permitir que os denigren, que os despojen de vuestra  dignidad.  No olvidéis que el arma más poderosa que tiene el opresor es la mente del oprimido. Reaccionar y apoyaros en el cariño de los vuestros, esto siempre es infalible.

«Un derecho no es algo que alguien te da. Es algo que nadie te puede quitar» (Ramsey Clark)

 

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