Carta a un amor que no era amor

Carta a un amor que no era amor – Por Mercè Roura especial para jupsin.com



Un día llorabas cuando me fui porque decías que no podrías vivir sin mí y ahora me dicen que me criticas con rabia y dices que no merezco nada… Aunque ya no me importa… Ahora vivo mi vida. A pesar de todo, me siento decepcionada y triste porque no comprendo qué pasó con aquel cariño, aquel tiempo compartido, aquella relación tan cercana que te llevó a creer que sin mí no eras.

No me necesitas, pero no lo sabes, no te has dado cuenta y como ignoras tu valor, piensas que sin mí no puedes salir adelante y me detestas porque no estoy

Pero eras y serás. Nadie es imprescindible en nuestras vidas, salvo nosotros mismos. Te lo dije entonces y lo repito ahora, cuando te ríes de mí porque intentas disimular el vacío que todavía sientes fingiendo que no te importa y asegurando que no me necesitas.

No me necesitas, pero no lo sabes, no te has dado cuenta y como ignoras tu valor, piensas que sin mí no puedes salir adelante y me detestas porque no estoy.

Vas por ahí buscando otras personas con las que tapar ese hueco que te arde cuando te sientes solo, pero no la encuentras. Ninguna persona lo hará, te lo digo. Y si encuentras una que lo haga será por un tiempo, hasta que te hagas tan dependiente de ella como de mí y vuelva de decirte adiós para que comprendas que no necesitas a nadie más que a ti… Hasta que la pises tanto que salga corriendo como hice yo…

Nadie es de nadie

No has comprendido todavía que el vacío que quema en tu alma sólo se llena aceptándote y amándote a ti mismo. Que nadie es de nadie ni ha venido a sujetar a nadie para que no se caiga siempre… Que pisando a otro ser humano no creces ni mejoras tú.

El amor, amigo, es otra cosa. Es sujetar y luego soltar y pedir amarre pero siempre con respeto

El amor, amigo, es otra cosa. Es sujetar y luego soltar y pedir amarre pero siempre con respeto.

Es baile compartido y charla sin temas tabús. No hay desesperación en el amor, hay pausa. Hay camino compartido y café de media tarde, nunca malos tragos ni esperas incómodas para decidir si merece la pena.

Cuando yo me fui no dejaste de ser nada porque conmigo no eras nadie que no fueses antes. Porque yo no te di alas ni te las quité. Las alas te crecen cuando te sujetas a ti mismo y te arriesgas a saltar nunca cuando te agarras a otro y esperas que sea él o ella el que salte por ti.

Nadie va a saltar por ti. No lo hice yo y no lo hará nadie y si alguien lo hace, no lo dudes, es que está más desesperado que tú y os vais a hacer daño el uno al otro.

¿Recuerdas?

El día que me marché me pediste tiempo para encontrarte, pero en realidad nunca has buscado dentro de ti y lo que deseabas era que pasaran los días para encontrar nuevas excusas para que que no me marchara… Nuevas formas de chantaje, de reproche, nuevos problemas en tu vida con los que acusarme de algo, nuevos dolores insufribles que echarme en cara.

Nuevas formas de chantaje, de reproche, nuevos problemas en tu vida con los que acusarme de algo, nuevos dolores insufribles que echarme en cara.

Me miraste a los ojos con lágrimas de niño perdido para que me llevara esa última imagen de ti y supiera siempre que te dejaba roto y astillado, que me iba matándote y eso me hacía responsable de tu dolor, tu apatía, de tus pocas ganas de levantarte y cambiar tu vida, de tus fracasos, de tus fantasmas y de tus monstruos…

¿Recuerdas? yo era la única capaz de curar tus heridas y mirar bajo la cama para asegurarte de que no había nadie…

Diez años mirando bajo la cama para calmarte esperando a que fueras mayor y algún día miraras tú o yo pudiera pedirte que fueras tú quién me salvaba a mí de mis monstruos porque yo también tengo miedo y necesito ayuda.

Yo tuve que ser la fuerte, la que se mueve, la que avanza, la que camina, la que traga con el miedo y sigue, a la que nunca le duele nada y si le duele pasa porque no puede permitirse parar… Yo tuve que serlo todo porque tú decidiste no ser nada…



Yo tiraba del carro y tu ibas subido en él

¿Sabes? no es del todo cierto. Yo te dejé que te apagaras, que te desvanecieras y te permití vivir asustado mientras yo luchaba como una loba.

Yo te di permiso para dejarme sin vida viviendo la tuya y la mía porque tuve miedo de que se nos escaparan trenes y el amor que soñaba no existiera… Y no existía pero no fui capaz de verlo o de aceptarlo porque verlo lo vi y lo noté en forma de soledad atroz y casi sólida.

… y no me valoraba suficiente como para ver que tenía derecho de vez en cuando a caer, a fallar, a decir no y soltar la carga pesada que decidí llevar porque vi que tu no llevabas nada…

Yo te dejé ser un niño mientras yo era la adulta porque tenía demasiado miedo de admitir que me había equivocado y no me valoraba suficiente como para ver que tenía derecho de vez en cuando a caer, a fallar, a decir no y soltar la carga pesada que decidí llevar porque vi que tu no llevabas nada…

Me hago responsable de que cuando tú lo dejaste todo en mis manos yo lo recogí y me hice cargo sin paliativos ni margen para compartir esta cruz pesada.

Yo tiraba del carro y tú ibas subido a él y me pedías sin vergüenza que acelerara la marcha.

Tú no tuviste reparo y yo no tuve dignidad o mejor dicho no me la supe encontrar porque todos la tenemos.

Tan necesaria que me convertí en esclava

Tú no tuviste compasión y yo no supe amarme como merezco.

Yo llené mi vacío con largos tramos de camino engullidos a prisa y tú con una pausa eterna que todavía no ha cesado.

Tú me usaste y yo te dejé que me usaras y te usé para ser imprescindible porque pensé que así me amarías, porque no reconozco mi valor y creo que tengo que dar algo a cambio para que me valoren otros… Porque pensaba que tenía que pagar un precio por mi imperfección y hacer méritos para ser aceptada…

Y ahora te ríes de mí y yo me río porque me doy cuenta de que ya no me importa.

Y ahora pasó y miro atrás y me doy cuenta de que nadie necesita a nadie más que a sí mismo y hasta que no comprendes esto tienes que morar en muchas jaulas

Tú jugaste a necesitarme tanto que no tenerme te mataba pero tenerme era al mismo tiempo ignorarme.

Yo jugué a serte tan necesaria que me convertí en esclava porque creí que podrías cambiar y darte cuenta de lo mucho que he hecho por ti pero nunca fui posible porque nadie cambia si no quiere…

Y ahora pasó y miro atrás y me doy cuenta de que nadie necesita a nadie más que a sí mismo y hasta que no comprendes esto tienes que morar en muchas jaulas.

Yo ya escapé de esta y vuelo libre… Tú todavía sigues encerrado en la jaula que construiste para mí esperando que vuelva pero no lo haré. Me he descubierto las alas y hace tiempo que llego tan alto como merezco…

No sientas lástima, aquello no era amor porque el amor no hace daño.



PERFIL DEL AUTOR

Mercè Roura

Periodista y formadora en comunicación, marca personal e inteligencia emocional. Más de 17 años de experiencia en radio y televisión. Ahora ayudo a las personas a conseguir que potencien su talento y lideren sus vidas. Me apasionan las palabras y su poder para cambiar nuestra forma de pensar y de vivir. Su primer libro ‘Amo la Imprudencia de mis Palabras'. El momento de cambiar y ser grandes es éste. Su último libro ya está disponible: 'Cosas que debí decirte hace cien años'


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