¿Del acoso escolar a la delincuencia?

En repetidas ocasiones, hemos definido el término acoso escolar como una conducta negativa donde una persona o varias agreden a otra(s) física, psicológica y verbalmente de forma constante.

En México, el acoso escolar es mayor que en el resto del mundo y supera el promedio en el uso de sobrenombres ofensivos, burlas y daño de pertenencias.

Así lo revela el Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana 2016, realizado por la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo, con la participación de 5.500 estudiantes de segundo año de secundaria.

En México, el acoso escolar es mayor que en el resto del mundo y supera el promedio en el uso de sobrenombres ofensivosburlas y daño de pertenencias

La violencia no se repara con violencia

Vivimos en una sociedad donde los apodos predominan más que cualquier habilidad que pueda poseer una persona.

¿Qué seguridad se le puede proporcionar a alguien que vive rodeado de ambientes hostiles? ¿De qué forma se espera que responda un ser humano cuando lo único que ha recibido es la burla de otros?

Aclaro, no intento justificar una conducta de violencia-agresión de nadie, aunque es importante considerar que la misma masa influye para que una persona trate de salir ilesa de una guerra y a veces, responder de la misma forma ha evitado un conflicto mayor.

Tenemos el testimonio de Karla, persona que ahora forma parte de un grupo de apoyo con pacientes que sufrieron acoso por su obesidad y que se sintieron obligadas a sometersea una intervención quirúrgica:

“Recuerdo que cuando era estudiante un compañero siempre se burlaba de mí, me insultaba constantemente y hacía comentarios sobre mi cuerpo. Un día me harté, lo arrinconé contra una pared y le di un puñetazo”.

“Cayó al suelo y cuando me di la vuelta para continuar mi camino vi a lo lejos al director del colegio, me asusté porque estaba segura de que me había visto, me llamó y cuando me acerqué me dijo que él estaba enterado de la situación y que estaba de mi parte, que ya era hora de ponerle un alto a ese `muchachito’ y que iba a llamar a sus padres para ponerlos al día”.

“Cuando sus padres llegaron por él a la escuela se disculparon conmigo. Yo en realidad todavía estaba perpleja porque pensé que me iban a suspender por aquél episodio.  Todo lo contrario, quién iba a pensar que ese puñetazo me iba a dar el poder, me iba a cambiar la vida, todo el colegio se había enterado”.


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La violencia no se repara con violencia. Sin embargo, en algunos casos, es la única herramienta que poseen las víctimas de acoso para hacer frente a la situación

Estoy de acuerdo que la violencia no se repara con violencia. Sin embargo, en algunos casos, es la única herramienta que poseen algunas personas víctimas de acoso para hacer frente a la situación.

Por una mezcla de hartazgo y valentía, la respuesta hace que el agresor se detenga y descubra que no tiene poder sobre el otro. Aunque insisto, la respuesta violenta no es la salida, no es poco frecuente que suceda.

El acoso sigue y sigue, crece, (r)evoluciona…

Hay algo que no estamos haciendo bien como sociedad. Repetimos hasta el cansancio que el hogar es el primer centro de interacción social, que en las escuelas se proyecta todo lo aprendido desde casa y el acoso escolar, sigue y sigue, crece, (r)evoluciona, innova, transgrede límites, burla leyes, SE SALE DE LAS MANOS.

¿Acaso tenemos que empezar a arrestar a los padres de familia negligentes que no supieron cómo educar a sus hijos?

¿Tendremos que bajar la edad para reclutar a menores en las cárceles? ¿Sería buena idea que las escuelas comiencen a reparar el daño moral de las víctimas que fueron agredidas en sus centros de estudios?

¿Se imaginan que figuras como maestros, directores, vayan al reclusorio por su falta de compromiso y vigilancia en sus “espacios libres de violencia donde se contribuye a la paz” como lo dictamina el artículo 8? ¿Cuánta gente no estaría encerrada? Parece exagerado, sí, aunque a veces nos preguntamos si no sería necesario.

Linnette Avendaño
Linnette Avendaño

Acoso escolar, ¿’puente’ a la delincuencia?

Si el acoso escolar o el acoso en sí no se detiene, las personas pueden llegar a ser delincuentes, la sensibilidad se pierde, se extingue. Si a un niño no se le establecen límites difícilmente tendrá empatía con otros, si los padres dejasen de ser tan condescendientes sus hijos podrían madurar de una forma segura.

Si el acoso escolar o el acoso en sí no se detiene, las personas pueden llegar a ser delincuentes, la sensibilidad se pierde, se extingue

Los agresores que no corrigen a tiempo su problema, en un futuro pueden modificar su modo de acoso, se convierte en una obsesión, en una persecución, en hostigamientos que van desde un sobre nombre hasta una difamación en contra de su víctima.

Buscarán la forma de atacar, de irse a los golpes, utilización de armas, de asesinar, serán personas que cuando crezcan violenten a su futura familia y así sucesivamente.

Vivimos en incertidumbre, ningún colegio está exento de presenciar un ‘ataque’. No creo que sea exclusivo de poblaciones con bajos recursos, el acoso escolar es UN PROBLEMA SOCIAL, ES UN PROBLEMA MUNDIAL, que, si no se detiene, derramará más sangre.

“El problema no existe, sino las soluciones intentadas inadecuadas”  (Steve De Shazer).


PERFIL DEL AUTOR

Linnette Avendaño

Mexicana. Licenciada en Psicología con Máster en Ciencias de la Educación y 9 años de experiencia profesional. Desarrolla con intensidad una importante labor docente, imparte conferencias y escribe columnas de opinión sobre su especialidad. Lo suyo es también la terapia racional emotiva-conductual, la psicopedagogía y la orientación vocacional. “La psicología es parte de todos y necesita compartirse, porque ofrece oportunidad de crecer psicológica, emocional, sociológica y espiritualmente. La seguridad, el optimismo y la confianza son mi guía. Me gusta caminar entre la gente, acercarme, que se sienta conmigo y yo con ella, bajar del escenario”. Vivió en Málaga y formó parte de la AECC y Los Ángeles Malagueños de la Noche.


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